Un político de EEUU ha estado hablando más de 25 horas seguidas en el Senado. Su objetivo: cargar contra el trumpismo

Publicado el 02/04/2025 por Diario Tecnología
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Un político de EEUU ha estado hablando más de 25 horas seguidas en el Senado. Su objetivo: cargar contra el trumpismo

Hasta hoy Cory Booker era un político con cierto predicamento en EEUU, pero alejado de los grandes titulares de la prensa internacional. Senador demócrata por Nueva Jersey y exalcalde de Newark, en 2019 lanzó una campaña para convertirse en candidato a la Casa Blanca que acabó retirando poco después. Ahora Booker es conocido por algo más que sí le ha valido la atención de la prensa extranjera: ha pronunciado el discurso más largo en la historia del Senado de EEUU.

De pie ante su atril, con un par de vasos de agua y sin ninguna silla en la que sentarse (él mismo pidió que se la retirasen para evitar tentaciones), el senador demócrata habló y habló durante más de 25 horas sobre los peligros del Gobierno de Donald Trump. Quizás parezca una simple anécdota, pero su gesto dice más de cómo está capeando el trumpismo el Partido Demócrata que del propio Booker.

Hasta que las piernas aguanten. Se comparta o no su iniciativa, a Cory Anthony Booker hay que reconocerle algo: ha ido de frente desde el principio. El lunes a las siete de la tarde tomó la palabra en la Cámara Alta, se aclaró la voz y avisó al resto de legisladores de cuáles eran sus planes: "Me alzo con la intención de alterar el funcionamiento normal del Senado de EEUU tanto tiempo como pueda físicamente". Dicho de otro modo, hasta que las piernas aguantasen.

¿Y cuánto habló? Salvo por las breves pausas que hizo mientras sus colegas demócratas le planteaban preguntas, Booker siguió hablando hasta pasadas las ocho de la tarde del día siguiente. The Guardian precisa que su intervención duró 25 horas y cuatro minutos, más de un día completo de oratoria durante el que el senador leyó decenas de cartas, tiró de notas, agitó una copia de la Constitución, gesticuló, clamó y saltó del tono emotivo al expositivo, con alguna broma incluida a los colegas del Senado. Todo mientras su voz iba volviéndose cada vez más ronca.

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Un discurso (y una buena cojera). En su crónica, The Telegraph explica que, aunque Bookers pudo aprovechar las preguntas de sus compañeros para descansar la garganta, no fue en ningún momento al baño. Aparte de las anotaciones y cartas que llevaba consigo, lo único que tenía a mano para aguantar el tipo era un par de vasos de agua. Más tarde él mismo explicó que se había preparado durante días, ayunando y absteniéndose de beber líquidos desde la noche anterior para evitar urgencias. Ni esa preparación ni los movimientos que hizo para mantener la circulación en las piernas, evitó que acabara retirándose cojeando del atril.

Y todo eso... ¿Por qué? Aunque Bookers estiró su turno todo lo que pudo y acaparó la atención de la Cámara Alta durante más de 25 horas su intención no era obstruir la actividad del Senado, que es precisamente lo que se ha buscado en otras ocasiones con discursos maratonianos y tretas "filibusteras". Al contrario. Cuando Booker tomó la palabra no había previstas votaciones de leyes y si algo retrasó fue una iniciativa de su propio partido para derogar los aranceles de Trump.

El objetivo del demócrata era otro: lanzar un largo, sonoro (y sobre todo mediático) ataque al Gobierno de Trump. Durante las 25 horas que estuvo tras el atril, Booker denunció los planes del republicano de recortar Medicaid y Medicare, cargó contra el "daño infligido" por Trump a la democracia estadounidense, habló de inflación, de caos económico, del papel de Musk… Y leyó cartas de personas con historias "desgarradoras" relacionadas con el trumpismo. "No se trata de izquierda ni de derecha. Se trata de lo correcto o lo incorrecto", despachó el senador justo antes de poner fin a su largo discurso: "Señora presidenta, cedo la palabra".

Más allá de Booker. El gesto de Booker, que acabó con alrededor de 40 demócratas de pie y un estallido de aplauso y vítores de compañeros de partido y un público picado por la curiosidad de ver cuánto podría aguantar el senador, es importante para su carrera como legislador; pero también para el propio Partido Demócrata. Al fin y al cabo llega en un momento complicado para la formación, que tras la derrota de Kamala Harris en las urnas y el regreso de Trump a la Casa Blanca han sufrido problemas de liderazgo y para conectar con sus bases.

"El partido está catatónico todavía y la elección del Comité Nacional Demócrata mostró una línea de continuidad donde la principal crítica ha sido la manera de comunicar", comentaba hace poco a El Observador Victoria Murillo, profesora de la Universidad de Columbia. Hace un mes la CNN realizó un sondeo que muestra que la popularidad del Partido Demócrata ha caído a mínimos históricas y buena parte de sus miembros creen que sus líderes deben hacer más frente a Trump.

Con su discurso récord Booker ha logrado además acaparar titulares y colar sus críticas contra Trump en medios de EEUU y el extranjero. Otra logró para los demócratas en una economía de la atención dominada por el trumpismo.

Rompiendo el récord de Thurmond. El gesto de Booker tiene un valor simbólico por otra razón: ha logrado superar el que hasta ahora era el discurso más largo en la historia del Senado de EEUU, una  arenga de 24 horas y 18 minutos pronunciada hace más de 60 años por un senador de Carolina del Sur.

En aquella ocasión el objetivo era bien distinto: su autor, Strom Thurmond, reconocido segregacionista, pretendía obstruir la Ley de Derechos Civiles de 1957. "Intentó frenar los derechos que defiendo", recordó ayer Booker, que es además el primer senador negro del estado de Nueva Jersey, al recordar la treta filibustera de Thurmond. "Pero no estoy aquí por su discurso. Estoy aquí a pesar de su discurso. Estoy aquí porque, por muy poderoso que fuera, el pueblo era todavía más".

Imágenes | Gage Skidmore (Flickr) 1 y 2

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