El coche español no sufrirá con los aranceles del 25% de Estados Unidos pero sí con sus consecuencias: una Europa más pobre

Publicado el 03/04/2025 por Diario Tecnología
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El coche español no sufrirá con los aranceles del 25% de Estados Unidos pero sí con sus consecuencias: una Europa más pobre

Con una tabla en la mano y presumiendo de aplicar menos aranceles de los que, se supone, el mundo está aplicando contra Estados Unidos. Así se ha presentado Donald Trump en lo que ha llamado "día de la liberación" ante los medios de comunicación para confirmar la aplicación de nuevos aranceles

Y cuando decimos "el Mundo", con mayúscula, no es una exageración. China, Europa, Taiwan, Vietnam, Japón, India, Suiza, Malasia... la lista podría seguir hasta sumar 200 países o regiones. Literalmente. Todos estos países o regiones son las que tendrán que asumir nuevos aranceles de Estados Unidos si quieren vender sus productos en el país.

Son aranceles que se aplicarán sobre todo tipo de productos porque, según Donald Trump, su país sale perjudicado en la compra y venta de estos bienes o en su producción. De base, todos los países tendrán que pagar un 10% de aranceles, sea el producto que sea. De ahí, para arriba. Y además se mantienen tasas específicas a algunos sectores.

El más castigado, sin ninguna duda, el 25% a los automóviles.

Su impacto es nuestro consumo

Como decíamos hace unos días, el impacto directo de imponer un 25% a los automóviles que entran en Estados Unidos es irrelevante para una de las industrias más importantes en nuestro país. El impacto directo, eso es importante señalarlo.

España está especializada en la exportación de vehículos baratos. Desde que no exporta las Mercedes Vito y Ford Transit a Estados Unidos, su comercio con el país americano es prácticamente inexistente por lo que el encarecimiento de los coches que pudieran llegar a él es irrelevante.

Nuestro país es el segundo mayor exportador de coches de la Unión Europea pero el negocio primordial son las ventas a la propia Unión Europea o a países del continente. Por filosofía, los utilitarios que fabricamos en España son muy poco atractivos en Estados Unidos. Y más si tenemos en cuenta que estamos saltando a la tecnología eléctrica. Coche pequeño y eléctrico es tan poco competitivo en el país que Fiat estaba prácticamente regalando sus Fiat 500e.

Pero todo ello no quiere decir que no suframos con toda esta ofensiva arancelaria.

Imponer un arancel del 20% a la Unión Europea (independiente del mencionado a los coches, el acero o el aluminio) y del 34% a China, del 32% a Taiwan, del 46% a Vietnam o del 24% a Japón, entre otros, encarecerá la compra de coches, de textil y hasta de materias primas tan básicas como el arroz.

El problema es que Estados Unidos ha vivido en una deslocalización constante desde hace décadas. Trasladar toda esa producción a suelo estadounidense es imposible en el corto plazo y la consecuencia directa e inminente es, todo lo indica, productos más caros. Una pérdida de poder adquisitivo que, efectivamente, sí nos afecta.

Porque en un mundo hiperconectado, que BMW, Mercedes o Volkswagen vendan menos automóviles en Estados Unidos afecta directamente a sus cuentas de resultados. Goldman Sachs calcula que el incremento en el precio de los coches irá desde los 5.000 a los 15.000 dólares, dependiendo el tipo de vehículo y su precio base.

Si esto sucede, caerá como una cascada hasta los empleados a los que habrá menos dinero para seguir pagando y que, a su vez, les costará más dinero hacerse con bienes de consumo. De momento, la confianza de los consumidores estadounidenses ya ha caído a valores de 2021, según Bloomberg.

Cuando la economía se encamina a una recesión, uno de los sectores que más suele sufrir es la del automóvil. Hay que tener en cuenta que el coche es una de las mayores inversiones que hacemos a lo largo de nuestra vida. Por desembolso, suele ser la más importante después de la compra de una casa. Cuando la economía entra en crisis, los tiempos de renovación se alargan y se venden menos coches.

La crisis del 2008 trajo consigo una enorme caída en la venta de automóviles. Aquel año, España volvió a 1997 en términos de volumen productivo con una caída interanual del 12%. En nuestro país, en 2006 se matricularon 1,6 millones de coches y en 2012 todavía no se había vuelto a superar el millón de unidades vendidas.

Evidentemente, España no se encuentra en la burbuja precrisis de 2008 pero sí hay que mirar a países como Alemania. El país germano es el principal comprador de los vehículos españoles, seguido de Francia. Ha basado gran parte de su economía en las exportaciones y las de los automóviles es la más destacable hasta el punto de ser el primer productor y exportador europeo y el sexto del mundo, con más de 4,1 millones de unidades exportadas (España no llegó a 2,5 millones el año pasado).

El país germano ya ha sumado dos años seguidos en recesión y las perspectivas para este 2025 era crecer muy poco. Tan poco como apenas un 0,3%. Cálculos que se hacían antes del anuncio de los nuevos aranceles presentados la pasada noche. Por su parte, Francia creció el año pasado un 1,1% pero la inversión en los hogares cayó un 6%. De nuevo, todo apunta a un menor consumo.

La parte positiva es que España está enfrentando una reconversión apostando por la movilidad eléctrica. Aunque en España los coches con motores de combustión y baratos siguen liderando el mercado, los fabricantes europeos necesitan empezar a vender todos los eléctricos que puedan para ir compensando emisiones de cara a 2027. Y eso implica rebajar precios y hacerlos más competitivos frente a los coches de gasolina.

Lo que es evidente es que una economía en recesión o que se frena sólo impacta negativamente en la venta de vehículos. Y de esa venta de vehículos depende el 10% del PIB español.

Foto | The White House y Volkswagen

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