Noboa convoca a una Asamblea Constituyente en Ecuador: objetivos y razones de la urgencia

La política ecuatoriana se encuentra, una vez más, en un punto de inflexión que promete redefinir el futuro del país. El presidente Daniel Noboa ha lanzado una propuesta audaz y de profundas implicaciones: convocar a los 14 millones de ecuatorianos a una Asamblea Constituyente. Este llamado a la reingeniería institucional, aunque no del todo inesperado dadas las recurrentes crisis políticas del país, ha encendido el debate nacional y generado una mezcla de expectación y escepticismo. La pregunta central que surge es clara: ¿qué busca Noboa con esta iniciativa y, crucialmente, por qué ahora? Sumergirse en esta propuesta es entender no solo la visión del actual mandatario, sino también los desafíos históricos y contemporá que persisten en la compleja realidad ecuatoriana. Estamos ante un momento que podría marcar un antes y un después, y es fundamental analizar sus aristas con la debida profundidad y seriedad.

La propuesta de Noboa: un llamado a la reingeniería política

Noboa convoca a una Asamblea Constituyente en Ecuador: objetivos y razones de la urgencia

La idea de una Asamblea Constituyente no es nueva en la historia política de Ecuador. De hecho, el país ostenta el récord de haber tenido más constituciones en América Latina, lo que refleja una constante búsqueda de un marco legal y político que logre estabilidad y representatividad. La convocatoria de Noboa, dirigida a la totalidad del electorado, no es un mero ajuste legal, sino una propuesta para reescribir las reglas fundamentales del juego democrático. Una Asamblea Constituyente es un órgano colegiado, elegido popularmente, con la misión primordial de redactar una nueva Constitución Política para la República, o reformar íntegramente la vigente. Su poder es originario, lo que significa que está por encima de los poderes constituidos y tiene la capacidad de establecer las bases del nuevo ordenamiento jurídico y político.

En este contexto, la propuesta del presidente Noboa implica un reconocimiento tácito de que la Constitución actual, la de 2008, a pesar de sus innovaciones en derechos y participación, no ha logrado consolidar la estabilidad ni resolver los problemas estructurales que aquejan al país. Los partidarios de la Constituyente argumentan que el marco actual ha generado ingobernabilidad, ha sido cooptado por intereses particulares o simplemente no responde a las demandas y realidades del siglo XXI, especialmente en un país que ha experimentado cambios sociales y económicos vertiginosos. Es mi opinión que, si bien una nueva Constitución puede ofrecer un borrón y cuenta nueva, el éxito de tal empresa radica no solo en el texto, sino en la voluntad política y social para respetarlo e implementarlo, algo que a menudo ha faltado en el pasado ecuatoriano.

Históricamente, las asambleas constituyentes en Ecuador han sido momentos de gran efervescencia política, a menudo acompañadas de profunda polarización y, en ocasiones, han servido como mecanismos para consolidar el poder de un grupo o líder en particular. Recordamos la Asamblea de 1998, que buscó la estabilidad democrática tras años de inestabilidad, o la de 2008, que sentó las bases de la "Revolución Ciudadana". Cada una, a su manera, intentó responder a las urgencias de su tiempo, pero ninguna ha logrado una paz constitucional duradera.

Objetivos declarados: ¿Qué busca el presidente con esta iniciativa?

Los objetivos que el presidente Noboa ha esbozado para justificar la convocatoria son amplios y abordan las principales preocupaciones de la sociedad ecuatoriana actual. No obstante, es importante analizar si una nueva Constitución es la herramienta más adecuada para alcanzarlos.

Estabilidad política y gobernabilidad

Uno de los males endémicos de Ecuador ha sido la recurrente inestabilidad política, evidenciada por la frecuente destitución o renuncia de presidentes y la constante fragmentación del poder legislativo. Noboa, al igual que sus predecesores, se enfrenta a un escenario político fragmentado y a una oposición férrea. Una nueva Constitución podría buscar mecanismos que fortalezcan la gobernabilidad, como la revisión del sistema electoral, la redistribución de competencias entre los poderes del Estado o la limitación de ciertas facultades legislativas o ejecutivas que han demostrado ser problemáticas. Personalmente, me pregunto si el problema reside en la Carta Magna o en la cultura política y la falta de consensos mínimos entre las élites. Una Constitución, por perfecta que sea, no puede garantizar la voluntad de diálogo y compromiso.

Modernización del Estado y la justicia

La percepción generalizada de un Estado ineficiente, burocrático y, sobre todo, corrupto, es un clamor popular. La propuesta de Constituyente podría incluir la reforma profunda de la administración pública, la simplificación de trámites y la implementación de mecanismos más efectivos de control y transparencia. En el ámbito de la justicia, se buscaría una independencia real de los poderes políticos, la agilización de procesos y la erradicación de la impunidad. La lucha contra la corrupción es un punto central de la agenda de muchos países, y Ecuador no es la excepción. Organismos como Transparencia Internacional han señalado consistentemente la necesidad de reformas estructurales para combatir este flagelo. Un nuevo pacto constitucional podría intentar blindar las instituciones de justicia, pero la historia nos muestra que la voluntad política es clave. Se puede consultar más sobre los desafíos de transparencia en Ecuador aquí: Transparencia Internacional.

Seguridad y lucha contra el crimen organizado

Quizás el objetivo más apremiante y el principal motor de la popularidad de Noboa es la crisis de seguridad. Ecuador ha pasado de ser un país relativamente tranquilo a uno de los más violentos de la región, con el narcotráfico y el crimen organizado permeando todas las esferas de la sociedad. Una Constituyente podría revisar los artículos relacionados con las Fuerzas Armadas y la Policía Nacional, otorgándoles nuevas facultades o redefiniendo su rol en la seguridad interna, o incluso creando nuevas instituciones para el combate al crimen. También se podría buscar fortalecer la cooperación internacional y los marcos legales para la extradición. La población está desesperada por soluciones, y cualquier medida que prometa un retorno a la paz será bien recibida. Pueden leer más sobre la escalada de violencia en Ecuador en artículos de prensa especializados, como los que se encuentran en el siguiente enlace: Situación de seguridad en Ecuador.

Reforma económica y social

Finalmente, la economía ecuatoriana enfrenta desafíos persistentes: altos niveles de endeudamiento, desempleo, precariedad laboral y una necesidad urgente de atraer inversión extranjera. Una nueva Constitución podría sentar las bases para un modelo económico más abierto, competitivo y generador de empleo, revisando quizás el rol del Estado en la economía, las garantías a la propiedad privada o los derechos laborales. En el ámbito social, la discusión podría girar en torno a la eficiencia de los servicios públicos, la equidad en la distribución de la riqueza y el acceso a derechos fundamentales. El Banco Central del Ecuador y el INEC (Instituto Nacional de Estadística y Censos) publican regularmente datos sobre la situación económica y social del país, cruciales para entender estos desafíos: Banco Central del Ecuador.

¿Por qué ahora? El contexto político y social actual

El "timing" político es, a menudo, tan importante como la propuesta misma. La decisión de Noboa de convocar a una Constituyente en este momento específico no es casual y responde a un conjunto de factores convergentes.

Fragilidad institucional y la crisis de seguridad

Ecuador vive una situación sin precedentes de violencia y conflicto interno. La declaración de un "conflicto armado interno" por parte del presidente Noboa, que facultó a las Fuerzas Armadas a intervenir en el combate a las bandas criminales, ha puesto al descubierto la debilidad de las instituciones frente al avance del crimen organizado. Este contexto de emergencia ofrece un terreno fértil para propuestas radicales. La población, atemorizada, busca soluciones contundentes y, en ocasiones, está dispuesta a apoyar cambios profundos si estos prometen restaurar la paz. La declaración oficial y sus implicaciones se pueden revisar en los comunicados de la presidencia o en medios de comunicación fiables: Declaración de conflicto armado interno.

El respaldo popular y el referéndum previo

Noboa llegó a la presidencia en un escenario de hartazgo ciudadano con la política tradicional y con un claro mandato de cambio. Su victoria en el balotaje, sumada a un referéndum y consulta popular recientes que consolidaron su agenda en seguridad, le otorgan un capital político significativo. Este respaldo popular es crucial para impulsar una iniciativa de tal magnitud. Es un momento en el que el presidente cuenta con un nivel de aceptación que podría facilitar la aprobación de su propuesta de Constituyente, percibida por muchos como la única vía para abordar los problemas estructurales que no se han resuelto con simples reformas. Cabría preguntarse si este respaldo es suficiente para una tarea tan compleja y divisiva como reescribir la Carta Magna.

La necesidad de un "borrón y cuenta nueva"

Hay una sensación generalizada de que el sistema político ecuatoriano está agotado. Los continuos enfrentamientos entre poderes, la incapacidad de los gobiernos para llevar a cabo reformas de fondo y la percepción de que la actual Constitución ha sido interpretada de manera sesgada para favorecer a ciertos grupos, han erosionado la confianza ciudadana. En este escenario, la idea de un "borrón y cuenta nueva" resuena en parte de la población. Una Constituyente se presenta como una oportunidad para refundar el Estado, establecer nuevas reglas claras y, quizás, restaurar la fe en las instituciones democráticas. Sin embargo, empezar de cero también conlleva riesgos inmensos, especialmente el de agudizar las divisiones ideológicas y territoriales, o el de perpetuar los errores del pasado con nuevos ropajes.

Desafíos y posibles escenarios de una Asamblea Constituyente

La convocatoria a una Asamblea Constituyente, si bien puede ser vista como una oportunidad, no está exenta de desafíos y riesgos considerables.

El primer desafío es la legitimidad y participación. ¿Cómo se elegirá a los constituyentes? ¿Se garantizará una representación plural y equitativa de todos los sectores de la sociedad, incluyendo minorías, pueblos indígenas y organizaciones sociales? Si la elección es percibida como injusta o sesgada, el proceso podría perder legitimidad desde el principio. El Consejo Nacional Electoral (CNE) de Ecuador tendrá un papel fundamental en garantizar la transparencia y equidad del proceso: Consejo Nacional Electoral de Ecuador.

Otro punto crítico es la polarización. Un proceso constituyente es, por naturaleza, un debate sobre los valores y principios fundamentales de una sociedad. Esto puede exacerbar las divisiones políticas e ideológicas existentes, generando un clima de confrontación en lugar de uno de consenso. La búsqueda de una nueva Constitución requiere un alto grado de acuerdo y transigencia, cualidades que a menudo escasean en la política ecuatoriana.

Los tiempos y costos también son consideraciones importantes. Una Asamblea Constituyente es un proceso largo y costoso. La elaboración de una nueva Constitución puede llevar meses o incluso años, desviando recursos y atención de otros problemas urgentes que enfrenta el país. Además, la incertidumbre durante el proceso podría afectar la inversión y la estabilidad económica.

Finalmente, los resultados inciertos. No hay garantía de que una nueva Constitución resuelva mágicamente los problemas de gobernabilidad, seguridad o economía. En algunos casos, los nuevos textos constitucionales han generado más problemas de los que resolvieron, o simplemente han sido tan inoperantes como los anteriores. La historia de Ecuador, rica en cambios constitucionales, es un testimonio de esta realidad. La clave no es solo cambiar las leyes, sino cambiar las prácticas y la cultura política.

Reflexión final: Un momento crucial para Ecuador

La propuesta del presidente Daniel Noboa de convocar a una Asamblea Constituyente es, sin duda, una apuesta de alto riesgo y de gran calado para el futuro de Ecuador. Responde a una profunda crisis de seguridad, a una persistente inestabilidad política y a una insatisfacción generalizada con el funcionamiento del Estado. Sus objetivos son ambiciosos y buscan abordar los problemas estructurales que han plagado al país durante décadas.

Sin embargo, el camino hacia una nueva Constitución está lleno de trampas. La clave residirá en la capacidad del liderazgo político y de la sociedad ecuatoriana para abordar este proceso con madurez, buscando consensos genuinos y evitando la tentación de imponer visiones partidistas. Es un momento crucial, que ofrece tanto la promesa de una refundación necesaria como el peligro de profundizar las heridas existentes. La historia nos ha enseñado que las constituciones son herramientas, y su eficacia depende, en última instancia, de la voluntad de quienes las implementan y las respetan. Ecuador se enfrenta a una oportunidad histórica, pero también a una responsabilidad enorme de forjar un futuro más estable, justo y seguro.

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