En un mundo que parecía avanzar hacia una interconexión y una paz duraderas, la realidad de las últimas décadas ha sido un crudo recordatorio de la fragilidad del equilibrio global. Las tensiones geopolíticas, que en el siglo XX culminaron en dos guerras mundiales devastadoras, han resurgido con una virulencia inesperada en el siglo XXI. Hoy, la generación Z, los jóvenes nacidos entre mediados de los 90 y principios de los 2010, se encuentra en la encrucijada de un panorama internacional cada vez más volátil. Han crecido en la era de la información, de las redes sociales y de una conciencia global sin precedentes, pero también bajo la sombra de conflictos latentes y el espectro de una escalada global. La pregunta que muchos se hacen, y que resuena con una preocupación palpable, es si esta generación, que apenas ha conocido la paz en su sentido más amplio, podría ser la primera en afrontar las consecuencias de una tercera guerra mundial. ¿Es una idea descabellada, un fatalismo exagerado, o una posibilidad que merece nuestra atención más seria? Para desentrañar esta compleja cuestión, hemos identificado seis interrogantes cruciales que, en mi opinión, configurarán el destino geopolítico del mundo para el año 2026 y, con ello, el futuro de la generación Z.
La idea de una tercera guerra mundial ha sido durante mucho tiempo una sombra ominosa en el imaginario colectivo, una catástrofe que la humanidad, tras e
En un mundo donde la conversación dominante sobre la Generación Z a menudo gira en torno a su búsqueda de un equilibrio saludable entre la vida laboral y
En una era donde la conciencia sobre la salud mental y el bienestar integral está más presente que nunca, emerge un fenómeno que redefine nuestra compren
En un panorama laboral ya de por sí volátil, la reciente noticia de despidos en IBM ha resonado con una particular disonancia. Hace no mucho tiempo, el CEO de la compañía, Arvind Krishna, delineaba una visión optimista, prometiendo un compromiso firme con la contratación de recién graduados, una señal de esperanza para una generación que ha navegado un sinfín de turbulencias económicas. Ahora, esa promesa parece desvanecerse en el humo de los recortes de personal, dejando a la generación Z, o "Gen Z" como se la conoce comúnmente, en una encrucijada familiar: la de la incertidumbre y la precariedad. Este giro de los acontecimientos no es solo una noticia más en el ciclo económico; es un símbolo inquietante de las fuerzas contradictorias que moldean el futuro del trabajo y el dilema que enfrentan tanto las corporaciones como los jóvenes profesionales.
La dinámica del mercado laboral contemporáneo es un crisol de generaciones, cada una aportando su bagaje cultural, tecnológico y sus propias expectativas
La cifra es contundente y, para algunos, alarmante: un 92 % de la Generación Z que busca su primer empleo se enfrenta a dificultades significativas en los procesos de selección gestionados por Recursos Humanos. ¿Es una cuestión de aptitud, de actitud, o hay algo más profundo en juego? La respuesta no es sencilla, pero cada vez más voces expertas coinciden en que esta generación no está fracasando por falta de talento o ambición, sino porque ha llegado al mercado laboral en medio de una auténtica “tormenta perfecta”. Un cúmulo de factores económicos, sociales, tecnológicos y culturales ha convergido, creando un escenario sin precedentes que desafía tanto a los jóvenes talentos como a los departamentos de RRHH. Este post explorará en detalle las múltiples facetas de esta tormenta, buscando comprender el panorama actual y proponer vías para una integración laboral más armónica y efectiva.
La narrativa dominante sobre el edadismo en el ámbito laboral suele centrarse en la discriminación que sufren los profesionales de mayor edad, aquellos