Hispasat y el fin de un sueño: cuando el "Starlink español" no convenció a las operadoras

En un mundo donde la conectividad se ha convertido en la espina dorsal de la sociedad y la economía, la irrupción de Starlink de SpaceX marcó un antes y un después. Su promesa de internet de alta velocidad y baja latencia desde el espacio, accesible en casi cualquier rincón del planeta, encendió la imaginación de muchos y puso en jaque a la industria de las telecomunicaciones tradicional. En este contexto, surgió la aspiración de Hispasat, el operador de satélites español, de emular, al menos en espíritu, ese modelo disruptivo, buscando posicionarse como una alternativa sólida y "nacional" para la conectividad satelital. Sin embargo, lo que en su momento pareció un camino prometedor hacia una nueva era de servicios, ha terminado por revelarse como un sueño inalcanzable. A pesar de los esfuerzos y la visión inicial, Hispasat no ha logrado convencer a las operadoras españolas de que su propuesta es la respuesta al desafío de la conectividad ubicua. Este artículo explora las razones detrás de este desenlace, analizando los desafíos tecnológicos, las dinámicas del mercado y la visión estratégica de las telecomunicaciones en España, que han dejado a Hispasat en una encrucijada diferente a la que imaginaron.

El ambicioso objetivo de Hispasat y el modelo Starlink

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La irrupción de la conectividad satelital de baja órbita

La industria de los satélites de comunicaciones ha estado dominada históricamente por los satélites geoestacionarios (GEO), situados a unos 36 000 kilómetros de altitud. Estos ofrecen una cobertura muy amplia con pocos satélites, pero su principal desventaja es la alta latencia, inherente a la distancia que debe recorrer la señal. Starlink, y otros proyectos como OneWeb o el futuro Amazon Kuiper, cambiaron el paradigma al proponer constelaciones masivas de satélites en órbita terrestre baja (LEO), a solo unos cientos de kilómetros de altitud. Esta menor distancia se traduce en una latencia drásticamente reducida, comparable a la de las conexiones terrestres en muchas situaciones, lo que los hace aptos para aplicaciones que antes eran impensables para el satélite, como los videojuegos en línea o las videollamadas fluidas. Este avance tecnológico ha abierto un nicho de mercado enorme, especialmente en zonas rurales o de difícil acceso donde la fibra óptica o el 5G no llegan, o su despliegue es prohibitivo. El éxito y la rápida expansión de Starlink, que ya cuenta con millones de usuarios en todo el mundo, demostraron la viabilidad comercial y la demanda de este tipo de servicio.

El posicionamiento de Hispasat y su visión estratégica

Hispasat, con una sólida trayectoria como operador de satélites GEO, no fue ajeno a esta revolución. Conscientes de la necesidad de evolucionar y de la amenaza competitiva que los nuevos actores LEO representaban, Hispasat exploró diversas estrategias para adaptarse y participar en este nuevo escenario. Su visión, en un principio, no pasaba necesariamente por lanzar su propia megaconstelación LEO –un esfuerzo titánico en términos de inversión y desarrollo tecnológico–, sino más bien por buscar modelos híbridos o de agregación. La idea era integrar soluciones LEO de terceros o desarrollar capacidades que complementaran sus activos GEO, ofreciendo así una propuesta de valor integral que combinara la cobertura de sus satélites tradicionales con la baja latencia de las nuevas tecnologías. El objetivo era poder ofrecer a las operadoras españolas y latinoamericanas una solución completa de conectividad satelital que pudiera competir con las ofertas emergentes. Este enfoque buscaba capitalizar la experiencia de Hispasat en la gestión de redes satelitales y su conocimiento del mercado iberoamericano.

Factores clave en la falta de tracción

El desafío tecnológico y la inversión requerida

Aunque Hispasat optara por una estrategia de no construir su propia constelación LEO desde cero, la integración y el manejo de tecnología LEO no son tareas triviales. La infraestructura de tierra necesaria para una solución LEO, incluyendo las estaciones gateway y los puntos de presencia, es considerable. Además, la gestión de redes dinámicas con satélites en constante movimiento presenta complejidades operacionales muy distintas a las de los satélites GEO, que permanecen fijos respecto a la Tierra. La inversión, incluso para una aproximación híbrida, seguiría siendo significativa, requiriendo adaptaciones en hardware, software y personal técnico especializado. Me parece que subestimar la magnitud del cambio tecnológico y el capital necesario para competir en este segmento, incluso de forma indirecta, fue uno de los principales obstáculos. Los recursos de Hispasat, aunque considerables para un operador regional, no son comparables a los de gigantes como SpaceX, que puede apalancar sus capacidades de lanzamiento y manufactura masiva para reducir costes. Para un operador como Hispasat, con un tamaño y un foco distinto, replicar la agilidad y la economía de escala de Starlink es una misión casi imposible.

La propuesta de valor para las operadoras

El meollo de la cuestión reside en si la propuesta de Hispasat realmente ofrecía un valor añadido convincente para las operadoras españolas. En un mercado altamente competitivo, donde la fibra óptica (CNMC: Situación del mercado de telecomunicaciones en España) cubre ya a la vasta mayoría de la población y el 5G avanza a pasos agigantados, el nicho para la conectividad satelital es cada vez más específico. Las operadoras, que ya tienen grandes inversiones en infraestructura terrestre, buscan soluciones que complementen sus redes existentes de forma eficiente y rentable. La oferta de Hispasat, al parecer, no logró articular una propuesta que superara las ventajas de coste, simplicidad de integración y atractivo comercial que ofrecían otras alternativas o las propias soluciones de los operadores. ¿Era el precio competitivo? ¿La capacidad de ancho de banda suficiente? ¿La latencia aceptable para los servicios críticos? Y, quizás lo más importante, ¿era fácil de integrar en sus sistemas de aprovisionamiento y facturación? Las operadoras son empresas que buscan la eficiencia y la rentabilidad, y si una solución no encaja perfectamente en su modelo de negocio, por muy innovadora que sea, difícilmente la adoptarán masivamente. En mi opinión, la dificultad de encontrar ese "punto dulce" entre tecnología, coste y beneficio para el operador fue una barrera formidable.

La competencia feroz y el ecosistema existente

El mercado de la conectividad satelital de nueva generación está lejos de ser un monopolio. Además de Starlink, que ya ha consolidado una posición dominante, proyectos como OneWeb (ahora parte de Eutelsat) ofrecen servicios LEO con un enfoque más centrado en el mercado empresarial y gubernamental, a menudo a través de alianzas con grandes operadores de telecomunicaciones. Próximamente, Amazon Kuiper entrará en escena con el respaldo financiero y tecnológico de uno de los gigantes de internet. Esta competencia global plantea un desafío inmenso para cualquier actor que intente establecerse. Hispasat, en este contexto, no solo debía competir en tecnología y precio, sino también en escala y reconocimiento de marca. A nivel nacional, la penetración de la fibra óptica en España es una de las más altas de Europa (Informe FTTH Council Europe 2023), lo que reduce el número de "zonas blancas" donde el satélite es la única opción viable. Las operadoras españolas están volcadas en maximizar el despliegue de sus redes de fibra y 5G, viendo el satélite como una solución para casos muy específicos o como un complemento para sus redes de backhaul, pero rara vez como una alternativa central a sus servicios residenciales o empresariales más lucrativos. Este ecosistema tan desarrollado hace que sea mucho más difícil para una propuesta satelital genérica encontrar un hueco significativo.

La perspectiva de las operadoras y sus reticencias

Viabilidad económica y márgenes

Para una operadora de telecomunicaciones, cada nuevo servicio o tecnología debe tener un claro camino hacia la rentabilidad. La viabilidad económica de revender una solución satelital, especialmente en un segmento donde el precio de la conectividad terrestre es relativamente bajo, es un factor crítico. Las operadoras se enfrentan a la presión constante de ofrecer tarifas competitivas y, al mismo tiempo, mantener márgenes saludables. Si la solución de Hispasat implicaba costes mayoristas elevados, una compleja gestión de la instalación del cliente final o un modelo de ingresos que no se alineaba con sus expectativas de beneficio, simplemente no era atractiva. Además, el mercado español es conocido por su agresividad en precios, lo que dificulta aún más la entrada de servicios que no pueden competir en coste con la fibra o el 5G, incluso si ofrecen una ventaja en cobertura. A mi juicio, la ecuación económica propuesta por Hispasat quizás no lograba cerrar el círculo de la rentabilidad para sus potenciales clientes, las operadoras, que ya tienen estructuras de costes muy optimizadas para sus servicios principales.

Requisitos técnicos y SLA

Más allá del coste, los aspectos técnicos y los Acuerdos de Nivel de Servicio (SLA) son fundamentales para las operadoras. Necesitan garantías de latencia, ancho de banda consistente, fiabilidad y disponibilidad del servicio. La integración de una nueva tecnología satelital en sus redes existentes, sus sistemas de facturación, atención al cliente y provisión de servicios, requiere una inversión considerable en tiempo y recursos. Si la solución de Hispasat no ofrecía una integración fluida o exigía demasiadas adaptaciones por parte de las operadoras, se convertía en una carga. Las soluciones de conectividad satelital, históricamente, han tenido SLAs más laxos que las terrestres, y aunque las LEO mejoran esto drásticamente, aún pueden no alcanzar los estándares de algunas aplicaciones críticas. Las operadoras evalúan rigurosamente estos factores, y cualquier deficiencia en la propuesta técnica o en los SLAs puede ser un factor decisivo para su rechazo. La complejidad de gestionar un servicio que depende de una infraestructura espacial externa añade una capa de incertidumbre que algunas operadoras prefieren evitar, si no se ve compensada por beneficios sustanciales.

La estrategia de las operadoras: foco en la fibra y 5G

La estrategia de las principales operadoras españolas, tanto las grandes como las regionales, ha estado y sigue estando centrada en el despliegue masivo y la monetización de sus redes de fibra óptica y 5G. Estas tecnologías representan su principal ventaja competitiva y la base de su oferta de valor. La inversión realizada en estas infraestructuras es colosal, y la prioridad es recuperar esa inversión y captar clientes en el mayor número de hogares y empresas posible. En este contexto, cualquier solución alternativa que no sea percibida como un complemento esencial o una mejora significativa para su negocio principal, suele ser relegada a un segundo plano o a nichos muy específicos. El satélite, incluso el LEO, se ve a menudo como una solución de "último recurso" para aquellas zonas donde el despliegue terrestre es inviable, en lugar de una parte integral de su estrategia de conectividad global. Por tanto, no es sorprendente que las operadoras no hayan visto en la propuesta de Hispasat un pilar fundamental para su futuro, sino quizás una herramienta más, entre otras muchas, para abordar la brecha digital rural.

El futuro de la conectividad satelital en España y el rol de Hispasat

Adaptación y redefinición de la estrategia

El hecho de que el sueño de convertirse en el "Starlink español" no haya prosperado no significa que Hispasat carezca de futuro. De hecho, la compañía ha demostrado una notable capacidad de adaptación a lo largo de su historia. La clave ahora será redefinir su estrategia, centrándose en aquellas áreas donde realmente puede aportar valor. Esto podría significar un mayor enfoque en servicios de backhaul satelital para redes 5G en zonas rurales, conectividad para el sector marítimo o aeronáutico, o soluciones para administraciones públicas y grandes empresas con requisitos específicos. También pueden explorar alianzas estratégicas con otros operadores satelitales globales para ofrecer servicios LEO de forma conjunta, donde la inversión se comparta y el riesgo se minimice. Su experiencia con satélites GEO sigue siendo valiosa para la distribución de contenidos audiovisuales y para la conectividad en mercados específicos de Latinoamérica. Creo que Hispasat tiene una oportunidad de oro para consolidarse como un integrador de soluciones, combinando distintas tecnologías satelitales para ofrecer servicios a medida, en lugar de intentar replicar un modelo que no se ajusta a su escala o recursos.

Lecciones aprendidas del intento 'Starlink español'

La experiencia de Hispasat en este intento de acercamiento al modelo LEO-directo-a-consumidor o LEO-masivo-a-operador deja varias lecciones importantes. En primer lugar, la innovación tecnológica por sí sola no garantiza el éxito comercial; debe ir acompañada de un modelo de negocio robusto que resuene con las necesidades y expectativas de los clientes clave, en este caso, las operadoras. En segundo lugar, la competencia global es un factor determinante, y es crucial entender no solo quiénes son los competidores, sino también sus ventajas intrínsecas (como la integración vertical de SpaceX). Finalmente, es fundamental ser realista con la capacidad de inversión y el tiempo necesario para desarrollar y posicionar nuevas soluciones tecnológicas complejas. A mi juicio, este episodio subraya la importancia de identificar nichos donde la propia estructura y experiencia de la empresa puedan ser verdaderamente diferenciadoras, en lugar de intentar competir frontalmente con actores que operan con reglas de juego completamente distintas. La clave no es ser "el Starlink de...", sino ser "el Hispasat único y eficiente para...".

El panorama europeo y global

El papel de España y de Hispasat en el panorama satelital europeo y global sigue siendo relevante. Europa, consciente de la importancia estratégica de la autonomía en el espacio y la conectividad, está impulsando su propia constelación de satélites, IRIS² (Comisión Europea: IRIS²), que busca ofrecer servicios de conectividad segura para gobiernos y ciudadanos. Hispasat, como actor clave en el sector espacial español y europeo, seguramente tendrá un papel en este tipo de iniciativas, contribuyendo con su experiencia y su infraestructura. La colaboración con estos grandes proyectos paneuropeos puede ser una vía más efectiva para Hispasat que intentar desarrollar soluciones propietarias de gran escala en solitario. La globalización de la industria espacial significa que la cooperación y las alianzas son cada vez más importantes, permitiendo a los operadores como Hispasat participar en proyectos de gran envergadura sin asumir la totalidad de la inversión y el riesgo. Esto también se ve reflejado en alianzas entre grandes operadores (Eutelsat OneWeb Merger) que buscan consolidar el mercado y ofrecer una cartera de servicios más amplia y competitiva en un mercado que demanda soluciones cada vez más integradas y eficientes.

El sueño de un "Starlink español" de la mano de Hispasat, al menos en la forma de una solución que convenciera masivamente a las operadoras para el gran público, parece haber quedado en el camino. Este desenlace no es un fracaso de Hispasat en sí mismo, sino una muestra de la enorme complejidad del sector de las telecomunicaciones y el espacio, donde la competencia es feroz, la inversión astronómica y la adaptación constante una obligación. Hispasat seguirá siendo un actor importante, pero su futuro se definirá por su capacidad para encontrar y explotar sus nichos de mercado, apalancando su experiencia y activos únicos, más que persiguiendo un modelo que, por ahora, otros gigantes globales ya han monopolizado con una ventaja inalcanzable.

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