Un exingeniero de Apple lo confirma: Cerrar aplicaciones del iPhone no mejora el rendimiento ni ahorra batería

Desde hace años, una práctica común entre los usuarios de iPhone, y de smartphones en general, ha sido la de cerrar compulsivamente las aplicaciones en segundo plano. Ya sea por un sentimiento de control, una intuición de ahorro de batería o una búsqueda de mayor fluidez, el gesto de deslizar las apps hacia arriba para "matarlas" se ha arraigado profundamente en nuestra rutina digital. Sin embargo, esta acción tan extendida no solo es innecesaria, sino que, según las revelaciones de un exingeniero de Apple, incluso podría ser contraproducente. Esta afirmación, proveniente de una fuente con conocimiento interno de los intrincados mecanismos de iOS, obliga a replantearnos seriamente nuestras costumbres y a comprender cómo la sofisticada ingeniería de Apple gestiona realmente nuestros dispositivos.

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El día que mi iPhone dejó de sonar a iPhone: Windows XP o sable láser, esa fue la cuestión

En un mundo cada vez más estandarizado, donde los dispositivos electrónicos tienden a fusionarse en una experiencia uniforme, encontrar pequeños resquicios para la personalización se convierte en una victoria personal. Durante años, mi iPhone ha emitido ese familiar y, he de admitirlo, algo monótono sonido cada vez que lo conectaba a la corriente. Un 'bloop' discreto, eficaz, pero desprovisto de cualquier atisbo de alma o carácter. Reconozco que es un detalle menor, insignificante para la mayoría, pero para quienes apreciamos la experiencia del usuario en su totalidad, cada interacción, por fugaz que sea, cuenta. Así fue como me embarqué en una pequeña odisea, la de transformar ese humilde 'bloop' en algo que realmente resonara conmigo. La elección no fue trivial, y me sumergió en una profunda reflexión sobre nostalgia, cultura pop y la capacidad de las interfaces para evocar emociones. ¿Optaría por la melancólica fanfarria de inicio de Windows XP, un eco de una era digital pasada, o por el vibrante y poderoso zumbido de un sable láser, prometiendo aventuras galácticas con cada carga? La decisión, créanme, fue sorprendentemente compleja y divertida a partes iguales.

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