¿Por qué los textos que genera ChatGPT son tan aburridos? El fallo invisible de la IA

Desde su explosiva irrupción, ChatGPT y otros modelos de lenguaje generativo han transformado nuestra percepción de lo que la inteligencia artificial es capaz de hacer. Prometen revolucionar la creación de contenido, la asistencia en la escritura y la automatización de tareas lingüísticas. Sin embargo, tras la fascinación inicial por su capacidad para generar textos coherentes y gramaticalmente correctos, muchos usuarios han empezado a notar un patrón inquietante: sus creaciones, si bien técnicamente impecables, a menudo carecen de chispa, profundidad y una verdadera voz. Son, en una palabra, aburridos.

Este fenómeno no es una deficiencia superficial; es el síntoma de un "fallo invisible" inherente a la arquitectura y el entrenamiento de estos modelos. No se trata de un error de codificación, sino de una consecuencia directa de cómo la IA aprende y procesa el lenguaje. En lugar de una falla catastrófica, estamos ante una limitación fundamental que nos obliga a reconsiderar nuestras expectativas y el papel que estos sistemas deben jugar en el ecosistema creativo. Exploraremos por qué sucede esto y qué implicaciones tiene para el futuro de la escritura.

La perfección estadística frente a la creatividad humana

¿Por qué los textos que genera ChatGPT son tan aburridos? El fallo invisible de la IA

El corazón del problema reside en la forma en que los Grandes Modelos de Lenguaje (LLM, por sus siglas en inglés) como ChatGPT operan. Su función principal es predecir la siguiente palabra más probable en una secuencia, basándose en patrones complejos aprendidos de vastísimos conjuntos de datos textuales. Piensen en ello como un ejercicio de predicción estadística a escala masiva. El objetivo es producir un texto que sea coherente, relevante y, sobre todo, que suene "natural" en el contexto dado.

Esta aproximación, si bien increíblemente efectiva para generar contenido que cumple con las expectativas generales, choca frontalmente con la esencia de la creatividad humana. Los escritores humanos no solo seleccionan la palabra "más probable"; a menudo, buscan la palabra inesperada, la metáfora sorprendente, la frase que evoca una emoción compleja o una idea única. La escritura humana se nutre de la experiencia personal, la subjetividad, la ironía, el sarcasmo, las contradicciones y un sinfín de matices que van más allá de la mera probabilidad lingüística. Es la "burstiness" y la "perplexidad" (términos usados en el ámbito de la IA para describir la variabilidad y complejidad del texto humano) las que definen la originalidad, algo que a la IA le cuesta emular.

Cuando un modelo de IA genera un texto, tiende a converger hacia el "promedio" de lo que ha visto en sus datos de entrenamiento. Si ha procesado millones de artículos de blog, ensayos académicos y entradas de Wikipedia, su producción reflejará el estilo, la estructura y el vocabulario más comunes y seguros. Esto es excelente para la eficiencia y la corrección, pero devastador para la originalidad. En mi opinión, este es el quid de la cuestión: la optimización para la "normalidad" es inherente a su diseño, lo cual, paradójicamente, lo aleja de la excelencia creativa.

El sesgo hacia la normalidad y la falta de atrevimiento

Esta búsqueda de lo "promedio" lleva a un sesgo intrínseco hacia la normalidad. La IA evita el riesgo, la controversia, la audacia expresiva o las opiniones fuertemente marcadas, a menos que se le indique explícitamente y con mucha precisión que lo haga. ¿Por qué? Porque un texto "arriesgado" es estadísticamente menos probable que uno "seguro". Los modelos están diseñados para minimizar la "pérdida" (es decir, la distancia entre su predicción y la realidad), lo que se traduce en una preferencia por las soluciones que tienen más respaldo en sus datos de entrenamiento.

Un escritor humano, en cambio, a menudo busca precisamente lo contrario: desafiar expectativas, provocar una reacción, o presentar una perspectiva única que rompa con lo establecido. Esta falta de "atrevimiento" en la IA es lo que la convierte en una generadora de contenido funcional, pero raramente inspirador. Los textos de ChatGPT son competentes, informativos y bien estructurados, pero rara vez nos sorprenden, nos emocionan o nos obligan a ver el mundo de una manera diferente.

El impacto de los datos de entrenamiento en el estilo

La calidad y la naturaleza de los datos de entrenamiento son el alimento de la IA, y como es el alimento, así será el resultado. Los modelos actuales se entrenan con volúmenes gigantescos de texto extraído de internet: libros, artículos, sitios web, foros, redes sociales, etc. Este vasto corpus es una representación de la escritura humana, pero no es una representación equilibrada ni siempre de la más alta calidad literaria.

En estos conjuntos de datos masivos, el estilo predominante tiende a ser el informativo, neutral y didáctico. Hay muchos más manuales de instrucciones, noticias y entradas de enciclopedia que novelas vanguardistas, poesía experimental o ensayos filosóficos profundamente personales. Por lo tanto, la IA aprende a replicar lo que más ve: una prosa clara y concisa, pero a menudo desprovista de la riqueza estilística y la personalidad que caracterizan a los grandes escritores. Es como si un estudiante aprendiera a pintar analizando millones de catálogos de muebles y luego se le pidiera crear una obra maestra de arte abstracto. La base es diferente.

La ausencia de experiencia vivida y contexto emocional

Una de las diferencias más abismales entre la escritura humana y la generada por IA es la fuente de su contenido. Los seres humanos escribimos desde nuestra experiencia vivida, nuestras memorias, nuestras emociones, nuestras creencias y un complejo entramado de contexto cultural y social. Cada palabra, cada frase, está imbuida de un significado que va más allá de su definición literal, conectada a una realidad interna que el autor intenta transmitir.

La IA, por otro lado, carece completamente de una existencia corpórea, de emociones, de memoria personal o de una comprensión genuina del mundo. Simplemente procesa y manipula símbolos lingüísticos basándose en patrones estadísticos. Puede simular la expresión de una emoción, pero no la siente. Puede describir una experiencia, pero no la ha vivido. Esta ausencia de un "mundo interior" hace que sus textos, por muy correctos que sean, a menudo resulten huecos o superficiales a nivel emocional. Pueden ser técnicamente impecables en su forma, pero les falta el alma, esa resonancia que solo la conciencia y la experiencia pueden otorgar. Es esta brecha la que genera una sensación de "valle inquietante" en el texto, donde todo parece correcto, pero algo fundamentalmente humano está ausente.

Para profundizar en cómo los datos impactan los modelos, recomiendo este artículo sobre sesgos en IA: El sesgo en la inteligencia artificial: un reto ético y técnico.

La repetición estructural y las muletillas invisibles

Aunque los desarrolladores de IA trabajan activamente para mitigar la repetición de frases o la aparición de muletillas evidentes, los modelos aún tienden a caer en patrones estructurales y de formulación que, con el tiempo, se vuelven predecibles. Observen cómo muchas introducciones de textos generados por IA siguen una fórmula similar, cómo las transiciones entre párrafos utilizan frases recurrentes o cómo las conclusiones a menudo reiteran puntos ya establecidos de una manera predecible.

Esto no es necesariamente un defecto; es una consecuencia de su eficiencia. Si una estructura o una frase han sido efectivas en miles de millones de ejemplos para comunicar una idea de manera clara, el modelo priorizará esa estructura o frase. Sin embargo, para un lector humano, esta predictibilidad se traduce rápidamente en monotonía. Incluso si las palabras individuales son variadas, la arquitectura subyacente del texto se vuelve monótona. No es que la IA use una muletilla obvia como "sin embargo, no obstante...", sino que toda la manera de organizar y presentar la información se convierte en una muletilla invisible que permea el texto.

La falta de una "voz" auténtica

Los escritores humanos desarrollan una "voz" a lo largo de su carrera: un estilo único, un tono distintivo, una forma particular de abordar los temas que los hace reconocibles. Esta voz es el reflejo de su personalidad, sus valores, sus experiencias y su visión del mundo. Es lo que nos permite distinguir a un Gabriel García Márquez de un Jorge Luis Borges, o a una Virginia Woolf de un Ernest Hemingway.

La IA, por diseño, opera en un plano de neutralidad. Su objetivo es ser una herramienta versátil que pueda adaptarse a cualquier estilo o tono que se le solicite, dentro de los límites de sus datos de entrenamiento. Esta versatilidad, si bien útil, se consigue a expensas de la autenticidad. Al intentar ser "todas las voces", la IA termina por no tener ninguna propia. Sus textos carecen de esa impronta personal que hace que la lectura sea una experiencia de conexión con otra mente. Personalmente, creo que lograr una voz auténtica para una IA implicaría una complejidad que va mucho más allá de la mera predicción de palabras, adentrándose en el terreno de la simulación de la individualidad y la perspectiva, un desafío tanto técnico como filosófico.

Si te interesa evitar las muletillas, sean humanas o de IA, este recurso es útil: Cómo evitar las muletillas al hablar y escribir.

Posibles soluciones y el futuro de la escritura con IA

El reconocimiento de este "fallo invisible" no significa que la IA sea inútil para la escritura; al contrario, nos ayuda a entender mejor sus limitaciones y cómo podemos optimizar su uso.

  1. Ingeniería de prompts avanzada: Los usuarios deben aprender a ser mucho más específicos y creativos en sus indicaciones. En lugar de pedir "escribe un artículo sobre X", se puede solicitar "escribe un artículo sobre X con un tono irónico, utilizando metáforas relacionadas con la cocina y adoptando la perspectiva de un crítico social". Cuanto más se exija a la IA salirse del promedio, más posibilidades habrá de obtener un resultado menos genérico.
  2. El enfoque híbrido: La solución más efectiva, por ahora, parece ser la colaboración. La IA puede ser una excelente herramienta para generar borradores, estructurar ideas, resumir información o incluso proponer ángulos que no habíamos considerado. Sin embargo, el toque humano sigue siendo indispensable para inyectar la personalidad, la emoción, la crítica, la sutileza y el juicio creativo que elevan un texto de lo funcional a lo memorable.
  3. Desarrollos futuros de la IA: La investigación en IA está en constante evolución. Podríamos ver modelos entrenados con conjuntos de datos más curados y enfocados en la alta literatura o en estilos muy específicos. También es posible que se desarrollen arquitecturas que fomenten la "diversidad" en la generación de texto, incentivando al modelo a tomar riesgos lingüísticos calculados, o incluso que incorporen módulos de "personalidad" o "memoria" para simular una voz más consistente y distintiva.

La clave está en no esperar que la IA sea un escritor humano; su naturaleza es diferente. Es una poderosa calculadora de lenguaje que puede procesar y generar texto a una velocidad y escala impensables para un ser humano. Pero la chispa de la creatividad, la profundidad de la emoción y la singularidad de la voz parecen seguir siendo dominios exclusivos de la conciencia humana.

Para mejorar la interacción con estas herramientas, la "prompt engineering" es fundamental: ¿Qué es la ingeniería de prompts?.

Humanizando el algoritmo: la clave de la colaboración

En última instancia, el desafío de hacer que los textos generados por IA sean menos "aburridos" recae no solo en los desarrolladores de IA, sino también en nosotros, los usuarios. Debemos ver la IA no como un reemplazo del escritor, sino como un coautor o un asistente sumamente capaz. El "fallo invisible" de la IA, su tendencia a lo promedio y lo predecible, no es una sentencia de muerte para la creatividad, sino una invitación a una nueva forma de colaboración.

Es el ojo humano, la mente crítica, el corazón que siente, lo que transformará la corrección estadística en arte. La IA puede construir la estructura de un texto, pero el ser humano le dará alma, le inyectará vida, le otorgará ese "no sé qué" que distingue un escrito meramente funcional de uno que resuena y perdura. El futuro de la escritura con IA no será la IA escribiendo por sí sola, sino humanos y máquinas tejiendo juntos relatos, ideas y conocimientos, donde cada uno aporta sus fortalezas únicas.

El debate sobre el futuro del trabajo y la IA es crucial: El futuro de los trabajos con la inteligencia artificial.

Conclusión

Los textos generados por ChatGPT y otras IA son a menudo "aburridos" no por un error, sino por su diseño fundamental: son sistemas de predicción estadística que, por naturaleza, tienden a la normalidad y a lo predecible. Carecen de experiencia vivida, emoción genuina y una voz auténtica, elementos que son la esencia de la escritura humana inspiradora. Este "fallo invisible" nos recuerda que la inteligencia artificial es una herramienta formidable, pero no un sustituto de la conciencia y la creatividad humanas.

Sin embargo, esta limitación no es un callejón sin salida. Al entender cómo funcionan estas herramientas, podemos aprender a utilizarlas de manera más efectiva, explotando sus fortalezas para la eficiencia y la generación de borradores, mientras reservamos para nosotros el papel insustituible de la chispa creativa, la personalización y la conexión emocional. La escritura del futuro será probablemente una simbiosis: una danza entre la lógica del algoritmo y el alma del ser humano, donde la excelencia reside en la habilidad de integrar lo mejor de ambos mundos para superar las limitaciones de uno solo.

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