La primera planta de aire líquido se estrena en 2026: ¿la solución al gran problema de las energías renovables?

Nos encontramos en la cúspide de una revolución energética, un momento en el que la humanidad busca desesperadamente una alternativa a los combustibles fósiles para mitigar los efectos del cambio climático. Las energías renovables, como la solar y la eólica, han demostrado ser fuentes de energía limpias y abundantes, pero arrastran consigo un desafío inherente y fundamental: su intermitencia. El sol no siempre brilla, y el viento no sopla constantemente. Esta fluctuación en la generación ha sido, hasta ahora, el talón de Aquiles de la transición energética, limitando la capacidad de la red para depender exclusivamente de ellas. Sin embargo, un nuevo jugador está a punto de entrar en escena, prometiendo cambiar las reglas del juego. En 2026, la primera planta a gran escala de almacenamiento de energía por aire líquido (LAES, por sus siglas en inglés) abrirá sus puertas, y la expectativa es inmensa. ¿Podría esta innovadora tecnología ser, finalmente, la pieza del rompecabezas que estábamos buscando para desbloquear el verdadero potencial de las renovables?

El desafío de las energías renovables: un enigma persistente

La primera planta de aire líquido se estrena en 2026: ¿la solución al gran problema de las energías renovables?

Desde hace décadas, la humanidad ha intensificado sus esfuerzos para transitar hacia un futuro energético más sostenible. La adopción masiva de paneles solares y turbinas eólicas ha sido un testimonio del compromiso global con esta visión. No obstante, a pesar de su innegable contribución a la reducción de las emisiones de carbono, estas fuentes renovables presentan una vulnerabilidad crítica: su dependencia de las condiciones meteorológicas. La generación de electricidad a partir del sol y el viento es, por naturaleza, impredecible y no siempre coincide con los picos de demanda. Durante un día nublado o una noche sin viento, la producción cae drásticamente, mientras que, en momentos de alta irradiación solar o fuertes vientos y baja demanda, se genera un excedente de energía que a menudo no puede ser aprovechado y se desperdicia.

Este desajuste entre la oferta y la demanda plantea un problema complejo para los operadores de la red eléctrica. La infraestructura actual, diseñada en gran medida para un suministro constante y predecible de centrales eléctricas de combustibles fósiles, lucha por integrar eficientemente una energía tan variable. La necesidad de un sistema de almacenamiento de energía a gran escala que pueda absorber los excedentes en momentos de baja demanda y liberarlos cuando sea necesario es, por lo tanto, imperativa. Sin una solución robusta a este problema, las energías renovables seguirán necesitando el respaldo de centrales térmicas, a menudo de gas natural, que pueden encenderse y apagarse rápidamente para estabilizar la red, lo que frena la descarbonización total. Las baterías de iones de litio han avanzado significativamente, pero su escalabilidad para el almacenamiento a largo plazo y a nivel de red, así como su ciclo de vida y la disponibilidad de materias primas, aún presentan desafíos considerables. Las soluciones hidroeléctricas de bombeo son eficientes y probadas, pero están limitadas por la geografía, requiriendo grandes diferencias de altura y cuerpos de agua significativos. Es en este contexto donde la tecnología de aire líquido emerge como un faro de esperanza.

¿Qué es el almacenamiento de energía por aire líquido (LAES)?

La tecnología de almacenamiento de energía por aire líquido, o LAES, representa una propuesta fascinante y relativamente sencilla para abordar el problema de la intermitencia. En esencia, este sistema utiliza el aire atmosférico —un recurso inagotable y gratuito— como medio para almacenar energía. El proceso se puede dividir en tres fases principales: carga, almacenamiento y descarga.

Durante la fase de carga, la electricidad excedente de fuentes renovables se utiliza para alimentar un compresor. Este compresor toma aire del ambiente, lo limpia y lo somete a un proceso de enfriamiento extremo, típicamente a temperaturas de alrededor de -196 grados Celsius. A esta temperatura criogénica, el aire se licúa, reduciendo su volumen en aproximadamente 700 veces. Este aire líquido se almacena luego en grandes tanques aislados a presión atmosférica, similares a los utilizados para el almacenamiento de gas natural licuado (GNL) o nitrógeno líquido. Estos tanques pueden mantener el aire en estado líquido durante largos períodos con una mínima pérdida de energía.

Cuando la demanda de electricidad aumenta o la generación renovable disminuye (durante la noche, por ejemplo, o en un día sin viento), el sistema entra en la fase de descarga. El aire líquido se bombea desde los tanques y se expone a calor ambiental o, idealmente, a calor residual de procesos industriales cercanos o incluso del propio sistema, si está integrado con un ciclo de recuperación de calor. Al absorber calor, el aire líquido se expande rápidamente y vuelve a su estado gaseoso, pero con una presión y un volumen mucho mayores. Esta expansión a alta presión se dirige hacia una turbina, que a su vez impulsa un generador, produciendo electricidad que se inyecta en la red.

Las ventajas clave de LAES residen en su escalabilidad —los tanques pueden dimensionarse para capacidades de almacenamiento de varias horas o días—, su durabilidad —los componentes mecánicos tienen una larga vida útil y no se degradan con los ciclos de carga y descarga como las baterías—, su seguridad —el aire no es inflamable ni tóxico— y su flexibilidad de ubicación, ya que no requiere una geografía específica. Para mí, esta combinación de factores la hace particularmente atractiva como una solución complementaria, y quizá revolucionaria, en el mosaico de las tecnologías de almacenamiento.

La planta de aire líquido de Highview Power: un hito en 2026

El verdadero punto de inflexión para la tecnología LAES llegará en 2026 con la puesta en marcha de la que se perfila como la primera planta comercial a gran escala de almacenamiento de energía por aire líquido. La empresa británica Highview Power es la pionera en este campo, y su proyecto insignia, denominado CLCE (Cryogenic Liquid Air Energy Storage) o más conocido como la planta de Trafford Energy Park, cerca de Manchester, Reino Unido, ha captado la atención global. Esta instalación no es solo un prototipo, sino una demostración a gran escala de la viabilidad comercial y técnica de LAES.

La planta de Trafford Energy Park está diseñada para tener una capacidad de 50 megavatios (MW) de potencia y podrá almacenar 250 megavatios-hora (MWh) de energía, lo que significa que puede suministrar electricidad a 50.000 hogares durante cinco horas. Sin embargo, su capacidad de almacenamiento puede extenderse mucho más allá de cinco horas, un aspecto que la diferencia significativamente de las baterías de iones de litio, que suelen ofrecer unas pocas horas de descarga. Esta capacidad de descarga prolongada la posiciona como una alternativa viable a las centrales eléctricas de gas de ciclo abierto para la regulación de la carga base y la provisión de servicios auxiliares a la red.

La inversión en este proyecto es sustancial, respaldada por financiación del gobierno del Reino Unido a través de Department for Energy Security and Net Zero y socios privados. Su éxito será crucial para demostrar que LAES puede competir en el mercado energético y ser un pilar fundamental en la estrategia de descarbonización. Para mí, el hecho de que una planta de esta envergadura esté en construcción es una señal inequívoca de la madurez y la confianza en esta tecnología.

Cómo funciona la tecnología Highview Power

Highview Power ha perfeccionado el ciclo LAES para maximizar su eficiencia. Su diseño incorpora varias innovaciones clave. Una de las más importantes es la recuperación de calor y frío residual. En lugar de simplemente disipar el frío durante la compresión del aire o el calor durante la expansión, el sistema de Highview Power capta y reutiliza estas energías térmicas. El frío generado durante la fase de licuefacción del aire se almacena en un lecho de material patentado y se reutiliza para preenfriar el aire entrante en el siguiente ciclo, lo que reduce la energía necesaria para licuarlo. De manera similar, el calor residual de la compresión también puede ser capturado y utilizado para precalentar el aire líquido antes de su expansión.

Esta integración térmica mejora significativamente la eficiencia de ida y vuelta (round-trip efficiency), que es el porcentaje de energía que se recupera del almacenamiento en comparación con la que se utilizó para almacenarla. Si bien la eficiencia de LAES puede no ser tan alta como la de las baterías (que pueden superar el 90%) o la hidroeléctrica de bombeo (70-85%), se vuelve más competitiva cuando se considera el almacenamiento a largo plazo y la capacidad de usar calor residual. La capacidad de Highview Power para integrar su sistema con fuentes de calor residual cercanas, como plantas industriales, es un factor diferenciador que podría elevar su eficiencia y reducir sus costos operativos, haciéndola aún más atractiva.

¿Por qué el aire líquido podría ser la clave? Análisis de sus ventajas

Las promesas de la tecnología LAES van más allá de ser una simple alternativa a las soluciones de almacenamiento existentes. Sus características intrínsecas le confieren una serie de ventajas que podrían posicionarla como una solución fundamental para el futuro de las energías renovables.

Escalabilidad y duración

Una de las principales fortalezas de LAES es su capacidad para escalar a tamaños gigantescos y ofrecer una duración de descarga considerable. A diferencia de las baterías de iones de litio, cuya capacidad energética está intrínsecamente ligada a su potencia (más energía requiere más celdas, más metales, etc.), los sistemas LAES separan el almacenamiento de energía (los tanques de aire líquido) de la conversión de energía (la turbina y el compresor). Esto significa que se puede aumentar la capacidad de almacenamiento simplemente añadiendo más tanques, sin necesidad de aumentar la potencia del sistema. Esto la hace ideal para el almacenamiento de energía a largo plazo, desde varias horas hasta días, algo crucial para manejar períodos prolongados de baja generación renovable o picos de demanda extendidos. Este tipo de almacenamiento es lo que la red eléctrica necesita para descarbonizarse completamente y dejar de depender de las centrales de gas de carga base.

Sostenibilidad y seguridad

El principal "combustible" del LAES es el aire atmosférico. Esto lo convierte en una de las tecnologías de almacenamiento más sostenibles, ya que el aire es un recurso inagotable y no genera subproductos contaminantes durante su operación. No requiere metales raros o minerales críticos cuya extracción a menudo conlleva un alto impacto ambiental y social. Además, el aire líquido no es inflamable ni explosivo, lo que elimina los riesgos de seguridad asociados con algunas tecnologías de baterías. Para mí, la tranquilidad que ofrece una tecnología intrínsecamente segura, que no representa un riesgo significativo para las comunidades cercanas o el medio ambiente, es un factor de peso.

Flexibilidad de ubicación

Otra ventaja considerable del LAES es su flexibilidad geográfica. A diferencia de la hidroeléctrica de bombeo, que requiere condiciones topográficas muy específicas (dos grandes cuerpos de agua a diferentes alturas), las plantas de aire líquido pueden construirse en prácticamente cualquier lugar donde haya espacio y acceso a la red eléctrica. Esto permite integrar el almacenamiento de energía directamente en los puntos de generación renovable o en los centros de demanda, minimizando las pérdidas por transmisión y optimizando la infraestructura existente. Esta versatilidad es esencial para una implementación a gran escala y descentralizada.

Costo y vida útil

Aunque la inversión inicial en una planta LAES puede ser significativa, se espera que los costos operativos sean relativamente bajos debido a la abundancia y gratuidad del "combustible" (aire). Además, los componentes mecánicos de las plantas LAES, como los compresores y las turbinas, son tecnologías maduras y robustas, diseñadas para una larga vida útil (más de 30 años) con un mantenimiento relativamente bajo. A diferencia de las baterías, que se degradan con cada ciclo de carga y descarga, la capacidad de los tanques de aire líquido no disminuye con el tiempo, asegurando un rendimiento constante a lo largo de décadas. Esto se traduce en un menor costo nivelado de almacenamiento de energía (LCOS) a largo plazo, lo que es vital para la viabilidad económica. La Agencia Internacional de Energía (IEA) subraya la importancia del LCOS en la evaluación de tecnologías de almacenamiento.

Desafíos y perspectivas futuras

A pesar del enorme potencial de la tecnología LAES, es fundamental abordar los desafíos que aún enfrenta antes de su adopción masiva y su papel protagónico en el futuro energético.

La eficiencia energética: un punto crítico

Como mencioné anteriormente, la eficiencia de ida y vuelta (round-trip efficiency) de los sistemas LAES es un aspecto clave que debe seguir mejorando. Aunque los diseños modernos, especialmente los de Highview Power, han logrado eficiencias prometedoras (en el rango del 50-60%, que puede incrementarse con la recuperación de calor residual), esta cifra es generalmente inferior a la de las baterías o la hidroeléctrica de bombeo. La clave para la competitividad del LAES no reside solo en su eficiencia nominal, sino en su capacidad para ofrecer almacenamiento de larga duración a bajo costo y en la posibilidad de integrar fuentes de calor y frío residual, que pueden transformar la economía del sistema. La investigación y el desarrollo continuos en materiales, compresores y turbinas criogénicas son esenciales para elevar esta eficiencia.

Inversión inicial y madurez tecnológica

Construir una planta LAES a gran escala requiere una inversión de capital inicial considerable. Aunque el costo operativo es bajo, la financiación de estos proyectos pioneros puede ser un obstáculo. A medida que la tecnología madure y se implementen más proyectos, se espera que los costos de capital disminuyan gracias a las economías de escala y la estandarización de los procesos de construcción. La planta de Trafford, al ser la primera de su tipo a gran escala, sentará un precedente crucial y proporcionará datos valiosos sobre el rendimiento y los costos reales de operación. La confianza de los inversores aumentará a medida que se demuestre su fiabilidad y rentabilidad. IRENA (Agencia Internacional de Energías Renovables) constantemente evalúa la madurez de diversas tecnologías de almacenamiento.

Integración en la red eléctrica

La exitosa implementación de LAES también dependerá de su integración fluida en las redes eléctricas existentes. Esto implica desarrollar algoritmos y sistemas de control que puedan gestionar la carga y descarga de estas plantas de manera óptima, coordinándolas con la generación renovable, la demanda fluctuante y otras formas de almacenamiento de energía. LAES puede ofrecer no solo almacenamiento de energía, sino también servicios auxiliares a la red, como el control de frecuencia y tensión, que son cruciales para la estabilidad del sistema. La colaboración entre desarrolladores tecnológicos, operadores de red y reguladores será fundamental para definir los marcos necesarios.

Mi perspectiva sobre el futuro energético

Como observador del panorama energético, debo admitir que me siento considerablemente optimista ante la llegada de tecnologías como el almacenamiento por aire líquido. Durante mucho tiempo, la intermitencia de las renovables ha sido el elefante en la habitación, el problema que, si bien no impedía su crecimiento, sí limitaba su capacidad para dominar la matriz energética. LAES ofrece una solución elegante y sostenible a este dilema. No es una bala de plata que resolverá todos los problemas por sí sola, pero es un componente extraordinariamente prometedor de un futuro energético diversificado.

Creo firmemente que el futuro no dependerá de una única tecnología de almacenamiento, sino de un "portfolio" inteligente y complementario. Las baterías de corta duración seguirán siendo vitales para la respuesta rápida y la movilidad eléctrica. La hidroeléctrica de bombeo mantendrá su rol donde la geografía lo permita. Y el aire líquido, junto con el hidrógeno verde y otras innovaciones, tomará la delantera en el almacenamiento de larga duración y a gran escala. Esta diversificación nos permitirá construir una red más resiliente, eficiente y, en última instancia, 100% renovable. La planta de Highview Power en 2026 no es solo una planta; es un símbolo de progreso, una prueba tangible de que la ingeniería y la innovación pueden superar los mayores desafíos de la descarbonización. Es un paso monumental hacia un mundo donde la energía limpia es la norma, no la excepción, y eso, en mi opinión, es algo verdaderamente emocionante.

Conclusión

La inminente inauguración de la primera planta de almacenamiento de energía por aire líquido a gran escala en 2026 marca un hito crucial en la transición energética global. La tecnología LAES, con su capacidad para almacenar grandes volúmenes de energía durante períodos prolongados utilizando un recurso tan abundante como el aire, ofrece una respuesta convincente al desafío de la intermitencia de las energías renovables. Al combinar la escalabilidad, la sostenibilidad, la seguridad y la flexibilidad de ubicación, el aire líquido tiene el potencial de complementar y potenciar otras soluciones de almacenamiento, allanando el camino para una descarbonización completa de la red eléctrica. Si bien aún hay desafíos en términos de eficiencia y madurez tecnológica, el progreso de empresas como Highview Power demuestra que la visión de un futuro energético impulsado exclusivamente por fuentes limpias es cada vez más una realidad tangible. Estamos, sin duda, ante una de las innovaciones más significativas de nuestro tiempo en la carrera por un planeta más sostenible.

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