La desconfianza como primera línea de defensa ante los vídeos con inteligencia artificial

En un mundo cada vez más digital, donde la información fluye a una velocidad vertiginosa y las barreras entre lo real y lo sintético se desdibujan, la capacidad de discernir la veracidad de lo que vemos y escuchamos se ha convertido en una habilidad esencial para la supervivencia intelectual. La inteligencia artificial (IA) ha avanzado a pasos agigantados, transformando industrias enteras y, al mismo tiempo, presentando desafíos sin precedentes en el ámbito de la autenticidad y la confianza. Los vídeos generados por IA, comúnmente conocidos como deepfakes o contenido sintético, ya no son una curiosidad futurista de películas de ciencia ficción; son una realidad tangible que se propaga por nuestras redes y, lamentablemente, a menudo sin previo aviso. Ante esta coyuntura, la voz de expertos como Javier Castilla, un reconocido especialista en tecnología, resuena con una advertencia clara y contundente: "Desconfía de todo lo que nos resulte un tanto sospechoso, sobre todo lo que nos llegue a través de WhatsApp". Esta premisa, aparentemente sencilla, encierra una sabiduría profunda y una estrategia fundamental para navegar por el complejo panorama mediático actual. No es solo una recomendación, es una invitación a adoptar una postura crítica y vigilante, una primera línea de defensa contra la desinformación que puede tener consecuencias significativas en la percepción pública y la confianza social.

El auge de la inteligencia artificial y su impacto en el contenido audiovisual

black telescope in front of city buildings during night time

La inteligencia artificial ha evolucionado de ser una rama teórica de la informática a convertirse en una fuerza transformadora con aplicaciones prácticas en casi todos los sectores imaginables. En el ámbito del contenido audiovisual, esta evolución ha sido particularmente notoria. Lo que comenzó con algoritmos capaces de reconocer objetos o transcribir voz, ha llegado a sistemas que pueden generar imágenes, audios y vídeos completos con un realismo asombroso. Los generadores de caras artificiales, las voces clonadas y, más recientemente, los modelos capaces de animar personajes con un nivel de detalle impresionante, son solo la punta del iceberg.

Los deepfakes, que combinan las palabras "deep learning" (aprendizaje profundo) y "fake" (falso), son quizás la manifestación más conocida de esta tecnología en el ámbito del vídeo. Estos sistemas utilizan redes neuronales para superponer el rostro de una persona sobre el cuerpo de otra en un vídeo, o incluso para animar rostros y bocas con palabras que nunca pronunciaron. La calidad de estos vídeos ha mejorado exponencialmente en los últimos años, pasando de creaciones toscas y fácilmente identificables a producciones tan sofisticadas que incluso los expertos tienen dificultades para distinguirlas del contenido real. Esto no solo se aplica a rostros; la IA puede ahora generar entornos completos, recrear eventos históricos o simular situaciones que nunca ocurrieron, todo con una fidelidad visual y sonora que desafía la percepción humana.

El impacto de esta tecnología es dual. Por un lado, abre puertas a la creatividad sin límites, permitiendo a cineastas, artistas y creadores explorar nuevas formas de narración y producción. Pensemos en la recreación digital de actores fallecidos para nuevas películas o en la posibilidad de doblar contenido a múltiples idiomas con la voz original del actor, manteniendo su inflexión y emoción. Las aplicaciones legítimas son vastas y prometedoras.

Sin embargo, por otro lado, el potencial de abuso es igualmente grande y preocupante. Los vídeos generados por IA pueden ser utilizados para crear desinformación política, difamar a individuos, manipular mercados o incluso incitar a la violencia. La posibilidad de que un vídeo que parezca completamente auténtico muestre a una figura pública diciendo o haciendo algo que nunca ocurrió, tiene implicaciones profundas para la democracia, la reputación personal y la estabilidad social. Como usuarios, nos encontramos en una encrucijada donde la capacidad de producir contenido engañoso supera con creces nuestra habilidad innata para detectarlo, lo que subraya la urgencia de adoptar una mentalidad de escepticismo inteligente. Para profundizar en cómo esta tecnología está redefiniendo los límites, se puede consultar este artículo sobre el impacto de los deepfakes en la sociedad: El impacto de los deepfakes.

La advertencia de Javier Castilla: "Desconfía de todo lo sospechoso"

La recomendación de Javier Castilla no podría ser más pertinente en la era digital actual. "Desconfía de todo lo que nos resulte un tanto sospechoso" es un mantra que deberíamos incorporar en nuestra interacción diaria con el contenido online. Pero, ¿qué significa exactamente "sospechoso" en el contexto de un vídeo generado por IA? No se trata de una paranoia infundada, sino de cultivar una sensibilidad crítica y una capacidad de observación agudizada que nos permita identificar anomalías sutiles, aquellas pequeñas imperfecciones que delatan la naturaleza sintética de un vídeo.

La primera línea de defensa reside en nuestra intuición. Si un vídeo nos provoca una sensación de incomodidad, si algo "no nos cuadra" aunque no podamos señalarlo con precisión, esa es la señal para activar nuestra alerta. A menudo, nuestro cerebro percibe inconsistencias a un nivel subconsciente antes de que podamos articularlas. Podría ser la forma en que una persona parpadea, la falta de una emoción genuina en su expresión, o una disonancia entre lo que se dice y cómo se gesticula. Estas pequeñas señales acumuladas pueden ser el primer indicio de que estamos ante contenido artificial.

La premisa de Castilla también implica una incredulidad inicial, especialmente cuando el contenido es extraordinario o altamente polarizador. Si un vídeo presenta una revelación escandalosa, una noticia increíblemente buena o alarmante, o una situación que desafía la lógica, nuestra primera reacción no debería ser la de compartirlo o aceptarlo como verdad. Por el contrario, deberíamos pausar y cuestionar: ¿Es esto demasiado bueno para ser cierto? ¿O, por el contrario, demasiado atroz para ser real? Esta pausa crítica es fundamental. En un mundo donde la viralidad es la moneda de cambio, la prisa por ser el primero en compartir puede ser el peor enemigo de la verdad. Adoptar una postura de escepticismo saludable no significa rechazar toda la información nueva, sino someterla a un examen más riguroso antes de internalizarla o, lo que es más importante, difundirla.

Señales de alarma visuales y auditivas en vídeos generados por IA

Identificar un vídeo creado con IA requiere una observación meticulosa y el conocimiento de las imperfecciones comunes que estos sistemas aún presentan. A pesar de los avances, la IA todavía lucha por replicar a la perfección la complejidad del ser humano y el mundo físico.

Detalles visuales a observar

Cuando se trata de deepfakes y otros vídeos sintéticos, los ojos son nuestro primer y más importante instrumento de detección. Preste atención a los siguientes detalles:

  • Anomalías en rostros: Los ojos son a menudo el espejo del alma, y también un punto débil para la IA. Busque parpadeos inconsistentes, demasiado rápidos o demasiado lentos, o incluso la ausencia total de parpadeo. Las pupilas pueden parecer fijas o con reflejos extraños. Los dientes pueden ser inusualmente perfectos o, por el contrario, irregulares y "pegados" a la boca. La piel podría tener una textura demasiado lisa, casi de muñeco de cera, o presentar manchas o patrones inconsistentes. La simetría facial es otro punto clave; las IA a veces fallan en replicar la asimetría natural del rostro humano.
  • Movimientos antinaturales o robóticos: Las personas en los vídeos generados por IA a veces tienen movimientos corporales o faciales que no son del todo fluidos. Pueden parecer ligeramente robóticos, con transiciones abruptas o posturas forzadas. La cabeza, en particular, puede parecer "flotar" ligeramente o no moverse de forma orgánica con el resto del cuerpo.
  • Iluminación inconsistente o sombras extrañas: La iluminación es crucial en cualquier vídeo. En un deepfake, la luz que incide en el rostro del sujeto puede no coincidir con la iluminación del entorno. Esto puede manifestarse en sombras que no tienen sentido, reflejos que aparecen o desaparecen de forma inexplicable, o un tono general que difiere del fondo.
  • Fondos difusos o elementos que no encajan: A menudo, la IA se enfoca en el sujeto principal, dejando el fondo con una calidad inferior. Esto puede resultar en fondos pixelados, distorsionados o simplemente "demasiado perfectos" para ser reales. También es posible que el sujeto parezca no estar realmente "en" el entorno, como si hubiera sido pegado sobre él, con un borde poco natural alrededor de la figura.
  • Artefactos digitales, distorsiones: Busque distorsiones visuales sutiles: glitches, píxeles que cambian de color, bordes borrosos o una especie de "ruido" digital en ciertas áreas, especialmente alrededor de la cara o las manos. En momentos de rápido movimiento, la IA puede tener dificultades para mantener la coherencia.
  • Ropa o accesorios que cambian: En ocasiones, la ropa o los accesorios del sujeto pueden cambiar sutilmente entre fotogramas, o tener una textura o patrón que no parece realista. Las joyas, las gafas o el cabello son particularmente difíciles de renderizar consistentemente para algunos algoritmos de IA.

Pistas de audio y voz

No solo los ojos deben estar alerta; nuestros oídos también juegan un papel fundamental.

  • Voces monótonas o robóticas: Las voces generadas por IA, aunque han mejorado, a menudo carecen de la riqueza y las inflexiones naturales de una voz humana. Pueden sonar monótonas, excesivamente planas o, por el contrario, con una entonación exagerada que no encaja con el contexto emocional. El ritmo del habla también puede ser inusual, demasiado constante o con pausas artificiales.
  • Sincronización labial pobre (lip-sync): Este es uno de los indicadores más claros. Si las palabras no coinciden perfectamente con los movimientos de los labios, es una señal de alarma importante. Aunque los sistemas de IA están mejorando en esto, todavía cometen errores, especialmente con consonantes o sonidos que requieren movimientos labiales específicos.
  • Ruidos de fondo inconsistentes: Si el sonido ambiente cambia abruptamente, o si hay un silencio incómodo donde debería haber ruido de fondo (o viceversa), podría ser una señal de manipulación. La IA a veces tiene dificultades para integrar de forma coherente el audio principal con los sonidos del entorno.
  • Entonación extraña o falta de emoción: Un vídeo con IA puede intentar imitar la emoción, pero a menudo falla en transmitirla de manera convincente. La voz puede sonar forzada, las risas o los sollozos pueden parecer artificiales, y la entonación general puede no coincidir con el mensaje que se está transmitiendo. Para una comprensión más profunda de la detección de audio deepfake, este informe puede ser útil: Detección de audio deepfake (PDF, en inglés).

El vector de propagación: por qué WhatsApp es un caldo de cultivo

La advertencia de Javier Castilla sobre desconfiar especialmente de lo que nos llega por WhatsApp no es casualidad. Las plataformas de mensajería instantánea, por su propia naturaleza, se han convertido en un terreno fértil para la propagación de desinformación, incluidos los vídeos generados por IA.

WhatsApp, con sus grupos cerrados y su cifrado de extremo a extremo, crea un entorno donde la información se comparte rápidamente entre círculos de confianza. Un mensaje o vídeo enviado por un amigo, un familiar o un compañero de trabajo tiende a ser percibido con una credibilidad intrínseca, simplemente porque proviene de alguien que conocemos y en quien confiamos. Esta confianza implícita es un arma de doble filo: por un lado, fomenta la comunicación personal y privada; por otro, reduce la inclinación a verificar la información, ya que la fuente ya ha sido "validada" por la relación personal.

La viralidad en WhatsApp es diferente a la de las redes sociales abiertas. En plataformas como Twitter o Facebook, una publicación puede ser verificada públicamente, denunciada o contextualizada por otros usuarios o algoritmos. En WhatsApp, sin embargo, el contenido se mueve en esferas más privadas, a menudo sin la supervisión de moderadores o la presión del escrutinio público. Un vídeo falso puede circular en docenas de grupos sin que nadie lo cuestione hasta que el daño ya esté hecho. Los "reenvíos" masivos, aunque ahora limitados a un número menor de chats, siguen siendo una forma efectiva de amplificar un mensaje en poco tiempo.

Mi opinión personal es que el cifrado, fundamental para la privacidad, también presenta un reto significativo para la moderación de contenido. Es una balanza delicada. Las plataformas están bajo presión para combatir la desinformación, pero sin comprometer la privacidad del usuario. Esto pone una mayor responsabilidad en el individuo para ser crítico y consciente de lo que comparte. La falta de un contexto claro y la ausencia de verificación de fuentes verificables dentro de la misma aplicación hacen que los usuarios sean más vulnerables a contenido engañoso. Los vídeos de IA, con su capacidad de generar un impacto emocional inmediato y su aparente autenticidad, son particularmente peligrosos en este ecosistema. Pueden explotar prejuicios existentes, confirmar sesgos o simplemente sorprender, llevando a la gente a compartirlos sin pensarlo dos veces.

Herramientas y estrategias adicionales para la verificación

Más allá de la desconfianza inicial y la observación minuciosa, existen métodos y herramientas que podemos emplear para verificar la autenticidad de un vídeo sospechoso.

Verificación cruzada de fuentes

La primera y más básica estrategia es buscar el contenido en fuentes de noticias reputadas. Si un vídeo presenta una noticia importante o una declaración impactante, los principales medios de comunicación probablemente lo habrán cubierto. Si no encuentra ninguna mención o si la información solo aparece en sitios web desconocidos o de dudosa reputación, es una señal de alerta. Compare la información que se presenta en el vídeo con lo que dicen múltiples fuentes. Si hay discrepancias significativas o si solo una fuente está reportando la "noticia", sea extremadamente cauteloso.

Búsqueda inversa de imágenes y vídeos

Herramientas como la búsqueda inversa de imágenes de Google (Google Imágenes), TinEye o Yandex pueden ser útiles. Aunque son más efectivas para imágenes fijas, se puede tomar una captura de pantalla del vídeo en un momento clave y buscarla. Esto puede revelar si la imagen ha sido utilizada en otros contextos o si forma parte de un deepfake conocido. Para vídeos, herramientas más especializadas como InVID WeVerify (InVID WeVerify) o la Verification Handbook (Verification Handbook) ofrecen funcionalidades avanzadas para analizar metadatos, buscar fragmentos en otras plataformas y detectar manipulaciones. Estas herramientas permiten fragmentar el vídeo en fotogramas clave y realizar búsquedas inversas más efectivas.

Análisis forense básico (para el usuario común)

Aunque el análisis forense avanzado requiere software especializado y conocimientos técnicos, los usuarios comunes pueden hacer algunas comprobaciones básicas:

  • Análisis de metadatos (limitado en WhatsApp): Los metadatos de un archivo de vídeo pueden contener información valiosa sobre cuándo y con qué dispositivo fue grabado. Sin embargo, cuando un vídeo se comparte a través de plataformas como WhatsApp, los metadatos suelen eliminarse o modificarse, lo que limita su utilidad en este contexto.
  • Herramientas de detección de IA: Están surgiendo herramientas en línea que prometen detectar deepfakes. Algunas utilizan algoritmos de IA para identificar patrones de generación artificial. Sin embargo, es importante ser consciente de que estas herramientas no son infalibles y están en constante evolución. La "carrera armamentística" entre creadores y detectores de IA significa que ninguna herramienta será una solución definitiva a largo plazo. Siempre utilícelas como una capa adicional de verificación, no como la única.

La importancia de la alfabetización digital

En última instancia, la defensa más robusta contra los vídeos generados por IA es una población informada y con pensamiento crítico. La alfabetización digital no es solo aprender a usar programas, sino entender cómo funciona el ecosistema de la información. Esto incluye:

  • Educarse sobre las capacidades de la IA: Entender qué puede y qué no puede hacer la IA ayuda a contextualizar lo que vemos.
  • Desarrollar pensamiento crítico: Cuestionar las fuentes, buscar pruebas, considerar posibles motivaciones detrás de un contenido y evitar el pensamiento impulsivo son habilidades cruciales.
  • Conocer los sesgos cognitivos: Ser consciente de cómo nuestros propios sesgos pueden influir en nuestra percepción de la verdad nos ayuda a ser más objetivos.

El futuro y la batalla por la verdad

La batalla por la verdad en la era de la IA es una carrera armamentística continua. A medida que los algoritmos de generación de vídeo se vuelven más sofisticados, también lo hacen las técnicas para detectarlos. Es un ciclo constante de innovación y contrainnovación.

Regulación y marcos éticos

Los gobiernos y las organizaciones internacionales están empezando a tomar conciencia de la necesidad de regular la creación y difusión de contenido generado por IA. La discusión sobre si los vídeos generados por IA deben estar etiquetados, quién es responsable de su creación y difusión, y qué tipo de sanciones se deben imponer por el uso malicioso, es crucial. Los marcos éticos para el desarrollo de la IA son igualmente importantes, fomentando un uso responsable de la tecnología.

El papel de las plataformas

Las plataformas tecnológicas, como WhatsApp

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