Así he convertido un viejo pendrive USB en un potente PC de bolsillo con Windows que puedo llevar conmigo a cualquier lado

¿Cuántas veces nos hemos encontrado en la situación de necesitar nuestro ordenador, pero no tenerlo a mano? Quizás viajando por trabajo, en casa de un familiar con un equipo obsoleto, o simplemente queriendo acceder a nuestro entorno de trabajo personalizado sin dejar rastro en un ordenador ajeno. La frustración de no disponer de nuestras herramientas, configuraciones y archivos en el momento justo es un sentimiento universal para cualquiera que dependa de la informática. Durante años, la solución pasaba por portátiles cada vez más ligeros, pero incluso estos tienen sus limitaciones: el peso, la batería, la fragilidad y, seamos sinceros, el riesgo de que se dañen o se pierdan en el camino. Fue precisamente esa necesidad de libertad y flexibilidad, combinada con el deseo de reutilizar algo que ya tenía, lo que me llevó a embarcarme en un proyecto fascinante: convertir un viejo pendrive USB en un PC de bolsillo completamente funcional con Windows. Y no, no estoy hablando de una simple unidad de almacenamiento externo, sino de un sistema operativo completo y portable que arranca desde cualquier equipo compatible. La idea es tan simple como ambiciosa, y el resultado, créanme, es sorprendentemente útil.

¿Qué es un PC de bolsillo y por qué querríamos uno?

Así he convertido un viejo pendrive USB en un potente PC de bolsillo con Windows que puedo llevar conmigo a cualquier lado

Un PC de bolsillo, en este contexto, no es un dispositivo físico con su propia pantalla y teclado como un smartphone, sino una unidad de almacenamiento externa (en mi caso, un pendrive USB) que contiene un sistema operativo completo y funcional. Al conectarlo a cualquier ordenador huésped (siempre que este permita arrancar desde USB), se convierte en un entorno de trabajo independiente, con nuestras aplicaciones, configuraciones y datos, sin alterar ni depender del sistema operativo del equipo anfitrión. Es, en esencia, llevar nuestro propio universo digital en el bolsillo.

Las razones para querer algo así son variadas y convincentes. Para profesionales que viajan constantemente, permite tener un entorno de trabajo consistente y seguro, independientemente del ordenador al que tengan acceso. Imaginen llegar a una oficina remota, conectar su USB a cualquier PC disponible y arrancar su propio Windows con todas sus aplicaciones de negocio, VPNs y documentos preinstalados. Para estudiantes, es una excelente manera de trabajar en ordenadores de biblioteca o de amigos sin tener que instalar software o preocuparse por la privacidad. Para entusiastas de la seguridad o la privacidad, ofrece una capa adicional: no se deja rastro de actividad en el disco duro del equipo huésped, y toda la información sensible permanece en su unidad USB cifrada. Personalmente, lo encuentro invaluable para tareas de diagnóstico y recuperación en otros ordenadores. Si el sistema de un amigo no arranca, puedo usar mi unidad USB para acceder a sus archivos, ejecutar herramientas de reparación o incluso escanear en busca de virus desde un entorno limpio y controlado. La versatilidad es, a mi juicio, su mayor atractivo.

La base tecnológica: Windows To Go y sus implicaciones

La tecnología que hace posible este milagro de la portabilidad es Windows To Go (WTG). Microsoft introdujo WTG con Windows 8 Enterprise y lo mantuvo en Windows 8.1 y Windows 10 Enterprise/Education. Su propósito era claro: permitir a las empresas provisionar entornos de trabajo completos y seguros en unidades USB para sus empleados, facilitando el trabajo remoto y la flexibilidad. Esencialmente, WTG es una instalación de Windows totalmente funcional en un disco USB booteable.

Sin embargo, a pesar de su potencial, Microsoft anunció la deprecación de Windows To Go en la versión 1903 de Windows 10, citando la falta de soporte para actualizaciones, las dificultades de rendimiento con algunas unidades USB y la disponibilidad de mejores opciones de arranque desde USB en UEFI. Si bien es cierto que las unidades USB tradicionales no siempre ofrecen un rendimiento óptimo, la tecnología en sí sigue siendo robusta y perfectamente funcional si se utilizan los componentes adecuados. Para mí, la discontinuación fue una pena, ya que resolvía una necesidad muy específica. Pero que Microsoft ya no lo soporte oficialmente no significa que la funcionalidad haya desaparecido. Las herramientas de terceros han recogido el testigo, permitiéndonos crear nuestras propias unidades WTG con una amplia gama de ediciones de Windows, no solo las empresariales. Esto abre las puertas a usuarios domésticos y pequeñas empresas que antes estaban excluidos.

Es fundamental tener en cuenta la licencia de Windows. Si bien las herramientas de terceros permiten crear una unidad WTG con cualquier imagen ISO de Windows, para que sea legal y funcione plenamente, la copia de Windows que se use debe estar licenciada. Idealmente, esto se logra con una licencia de Windows 10 Pro o Enterprise. Si ya tienes una licencia válida de Windows 10 Pro, esta suele ser suficiente para activar tu instalación portable. Sin embargo, para entornos corporativos, una licencia por volumen o las licencias de Enterprise/Education son las más adecuadas.

Preparativos: Lo que necesitamos antes de empezar

Antes de sumergirnos en el proceso técnico, es crucial reunir los componentes adecuados. La calidad de estos elementos determinará en gran medida la experiencia final.

El pendrive USB ideal

Este es, sin duda, el componente más crítico. Olvídate de esos pendrives USB 2.0 antiguos de 8 GB que tienes guardados en un cajón. Necesitamos velocidad y capacidad.

  1. Velocidad: Es indispensable que la unidad USB sea, como mínimo, USB 3.0. Idealmente, USB 3.1 o USB 3.2. La velocidad de lectura y escritura secuencial, pero sobre todo la de lectura y escritura aleatoria (IOPS), es fundamental para el rendimiento del sistema operativo. Un pendrive USB 2.0 hará que Windows sea extremadamente lento, casi inutilizable. Las unidades USB diseñadas para WTG o con memoria NAND de alta calidad son preferibles. Algunas unidades USB externas con formato de disco SSD interno (USB-SSD) son la mejor opción, ya que ofrecen rendimiento similar al de un SSD interno. Personalmente, opté por una unidad USB 3.1 de alta velocidad que, aunque no es un SSD NVMe externo, ofrece tasas de transferencia sostenidas de más de 200 MB/s. Esto marca una diferencia abismal.
  2. Capacidad: Mínimo 64 GB, pero recomiendo encarecidamente 128 GB o más. Una instalación limpia de Windows 10 ocupa aproximadamente 20-25 GB. Si planeas instalar aplicaciones, actualizaciones y almacenar algunos documentos, los 64 GB se quedarán cortos rápidamente. Los 128 GB te darán un margen cómodo para el sistema operativo y un conjunto básico de aplicaciones portables y archivos.

Pueden encontrar opciones excelentes de unidades USB 3.1 de alto rendimiento en tiendas especializadas o grandes plataformas de comercio electrónico. Por ejemplo, he tenido muy buenas experiencias con unidades SanDisk Extreme Pro o algunos modelos de Samsung que emulan el rendimiento de un SSD.

La imagen de Windows

Necesitarás una imagen ISO de Windows 10. La forma más segura y legal de obtenerla es directamente desde el sitio web oficial de Microsoft. Puedes descargar la herramienta de creación de medios de Windows 10, que te permitirá crear un archivo ISO. Para la activación, como mencioné, una licencia de Windows 10 Pro suele ser suficiente. Aunque algunas herramientas permiten instalar cualquier edición, las versiones Pro o Enterprise son las que tradicionalmente estaban diseñadas para WTG. No obstante, en mi experiencia, una Pro estándar funciona a la perfección.

Software necesario

Aunque Microsoft discontinuó WTG, la comunidad ha desarrollado herramientas excelentes que permiten crear unidades USB booteables de Windows de manera sencilla y eficiente.

  1. Rufus: Es mi herramienta preferida y la que utilicé para mi proyecto. Es gratuita, de código abierto, muy ligera y extremadamente potente. Permite crear unidades USB booteables para una gran variedad de sistemas operativos, incluyendo Windows To Go. Su interfaz es intuitiva y ofrece opciones avanzadas para usuarios con más experiencia. La última versión de Rufus soporta la creación de unidades WTG de forma muy eficiente, permitiendo seleccionar la imagen ISO y configurar las opciones de partición y esquema de arranque. Puedes descargar Rufus desde su sitio web oficial.
  2. WinToUSB: Otra excelente alternativa, especialmente si Rufus presenta alguna incompatibilidad o si prefieres una interfaz con más opciones visuales. Es un software más especializado en la creación de Windows To Go y ofrece una versión gratuita con funcionalidades básicas y una de pago con características avanzadas.
  3. AOMEI Partition Assistant: Si bien no es un creador de WTG principal, algunas de sus versiones profesionales incluyen una función "Windows To Go Creator" que puede ser útil. Es más una herramienta de gestión de discos, pero es versátil.

Para este tutorial, me centraré en el uso de Rufus debido a su sencillez y eficacia.

El proceso paso a paso: Convirtiendo el USB

Una vez que tenemos el pendrive de alta velocidad, la imagen ISO de Windows 10 y Rufus instalado, el proceso es relativamente sencillo.

Formateo y configuración inicial

Antes de usar Rufus, es una buena práctica asegurarse de que el pendrive USB esté limpio y formateado correctamente, aunque Rufus lo hará automáticamente. Aun así, si tienes datos importantes en el pendrive, ¡haz una copia de seguridad! El proceso borrará todo lo que haya en la unidad.

  1. Conectar el pendrive USB: Inserta tu pendrive USB de alta velocidad en un puerto USB 3.0/3.1 de tu ordenador principal. Es crucial usar un puerto de alta velocidad para asegurar la máxima eficiencia en la copia de archivos.
  2. Ejecutar Rufus: Abre Rufus. Es posible que te pida permisos de administrador, otórgalos.

Creación de la unidad Windows To Go

Ahora, configuraremos Rufus para crear nuestra unidad portable.

  1. Selección del dispositivo: En la sección "Dispositivo", asegúrate de que tu pendrive USB sea el seleccionado. ¡Cuidado de no seleccionar el disco duro principal!
  2. Selección de arranque: En "Selección de arranque", haz clic en el botón "SELECCIONAR" y busca el archivo ISO de Windows 10 que descargaste previamente.
  3. Opciones de imagen: Una vez que selecciones el ISO, Rufus detectará automáticamente las opciones. Aquí es donde debes seleccionar "Windows To Go" en el desplegable "Opción de imagen". Si esta opción no aparece, es posible que el ISO no sea reconocido como una imagen compatible con WTG o que la versión de Rufus sea antigua.
  4. Esquema de partición: Rufus te ofrecerá opciones para el "Esquema de partición" (MBR o GPT) y "Sistema de destino" (BIOS o UEFI). La elección dependerá del tipo de ordenadores en los que planeas usar tu PC de bolsillo. Para máxima compatibilidad, yo suelo elegir GPT para UEFI, ya que la mayoría de los equipos modernos usan UEFI. Si tienes equipos muy antiguos con BIOS legacy, MBR para BIOS puede ser más adecuado. Rufus suele sugerir la opción más compatible basándose en la imagen.
  5. Nombre de volumen: Puedes darle un nombre a tu unidad, por ejemplo, "Win10_Portable".
  6. Iniciar el proceso: Una vez revisadas todas las opciones, haz clic en "EMPEZAR". Rufus te advertirá que todos los datos del pendrive serán eliminados. Confirma para continuar.

El proceso de escritura puede tardar un tiempo considerable, dependiendo de la velocidad de tu pendrive y del puerto USB. Para una unidad USB 3.1 de 128 GB, esto puede ir desde 20 minutos hasta una hora o más. Ten paciencia y no desconectes el pendrive durante este proceso. En mi caso, con una buena unidad USB, tomó alrededor de 30 minutos.

Primer arranque y configuración

Una vez que Rufus haya terminado, tu pendrive estará listo para arrancar.

  1. Configuración del BIOS/UEFI: Reinicia el ordenador donde quieres usar el pendrive. Justo al inicio, deberás presionar una tecla específica (F2, F10, F12, Supr o Esc, varía según el fabricante) para entrar en la configuración del BIOS/UEFI o en el menú de arranque.
  2. Seleccionar el dispositivo de arranque: En el menú de arranque, elige tu pendrive USB como el dispositivo principal. Es posible que tengas que desactivar el "Arranque seguro" (Secure Boot) o habilitar el "Modo heredado" (Legacy Mode) en algunos equipos, especialmente si has elegido el esquema de partición MBR.
  3. Configuración inicial de Windows: La primera vez que arranques desde el pendrive, Windows realizará su configuración inicial, como si estuvieras instalando Windows por primera vez en un disco duro. Te pedirá seleccionar región, idioma, crear una cuenta de usuario, configurar la privacidad y, si es necesario, introducir la clave de producto. Este proceso es un poco más lento que una instalación normal, ya que se ejecuta desde una unidad USB.
  4. Instalación de controladores: Una vez que Windows haya arrancado por completo, es posible que notes que algunos controladores (gráficos, red, sonido) no están instalados o no funcionan correctamente. Windows 10 suele ser muy bueno detectando hardware, pero en algunos casos, necesitarás descargar e instalar los controladores específicos para el ordenador huésped donde te encuentres. Una buena práctica es tener una carpeta con los controladores Ethernet/Wi-Fi más comunes en el propio pendrive, para poder acceder a internet y descargar el resto. Esto es lo que yo hago: siempre tengo los controladores básicos de red a mano.

Optimizando el rendimiento y la experiencia

Tener Windows en un USB es genial, pero para que sea realmente útil, debemos optimizarlo.

Consejos para un funcionamiento fluido

Aunque estemos usando un pendrive rápido, siempre habrá un cuello de botella en comparación con un SSD interno.

  1. Deshabilitar servicios innecesarios: Windows viene con muchos servicios que no son esenciales para un entorno portátil. Deshabilita los servicios que no utilices (Windows Search, SysMain/Superfetch, Xbox Live Services, etc.) desde services.msc. Esto reducirá la carga de trabajo del pendrive.
  2. Ajustar la memoria virtual: Por defecto, Windows gestiona la paginación. En un pendrive, esto puede generar muchas escrituras. Considera establecer un tamaño fijo para el archivo de paginación o, si tienes suficiente RAM en el equipo huésped (8 GB o más), incluso deshabilitarlo temporalmente. Yo suelo establecer un tamaño mínimo y máximo fijo, en lugar de dejar que el sistema lo gestione.
  3. Mantener Windows actualizado: A pesar de ser un entorno portable, es crucial mantenerlo actualizado para la seguridad y el rendimiento. Sin embargo, las actualizaciones grandes pueden tardar mucho en instalarse en un pendrive USB. Planifica estas actualizaciones con tiempo.
  4. Antivirus ligero: Opta por un antivirus que no consuma muchos recursos. Windows Defender suele ser suficiente, pero si prefieres una solución de terceros, busca opciones ligeras.
  5. Utilizar ReadyBoost (con moderación): Si el ordenador huésped tiene un puerto USB 2.0 disponible y tienes otro pendrive más lento a mano, ReadyBoost podría ayudar ligeramente. Sin embargo, con un pendrive USB 3.0/3.1 rápido, su impacto es marginal.

Software esencial y portabilización

El verdadero poder de este PC de bolsillo reside en el software que instalemos.

  1. Aplicaciones portables: La filosofía del PC de bolsillo encaja perfectamente con las aplicaciones portables. Sitios como PortableApps.com ofrecen una vasta colección de software popular (navegadores, suites ofimáticas, reproductores multimedia, utilidades) que no necesitan instalación y se ejecutan directamente desde la unidad USB. Esto mantiene el sistema base limpio y reduce las escrituras en el disco. En mi unidad, tengo instalados navegadores (Firefox, Chrome), una suite ofimática (LibreOffice), reproductores de medios (VLC) y varias herramientas de diagnóstico.
  2. Navegador web: Un navegador web es esencial. Configúralo con tus marcadores, extensiones y sincronización de cuentas.
  3. Suite ofimática: LibreOffice o OnlyOffice Portable son excelentes opciones gratuitas.
  4. Clientes de correo y mensajería: Clientes de correo como Thunderbird Portable pueden ser muy útiles.
  5. Herramientas de recuperación y diagnóstico: Si el objetivo es usarlo para soporte técnico, incluir herramientas como Hiren's BootCD PE (que se puede convertir a portable) o suites de antivirus portables puede ser una buena idea.

Seguridad y privacidad en un entorno portátil

Dado que estamos llevando nuestro entorno de trabajo a cualquier lugar, la seguridad es primordial.

  1. Cifrado de disco: Si la privacidad de tus datos es una preocupación, considera cifrar el pendrive USB. BitLocker, incluido en Windows 10 Pro y Enterprise, es una excelente opción. Cifra toda la unidad, protegiendo tus datos incluso si pierdes el pendrive.
  2. Contraseña robusta: Asegúrate de que la cuenta de usuario de tu Windows portable tenga una contraseña fuerte y única.
  3. VPN: Para trabajar en redes públicas o poco seguras, una VPN es indispensable para proteger tu conexión. Puedes instalar el cliente VPN directamente en tu unidad portable.
  4. Actualizaciones regulares: No subestimes la importancia de mantener el sistema operativo y las aplicaciones actualizadas para mitigar vulnerabilidades de seguridad.

Mi experiencia personal y reflexiones finales

Han pasado varios meses desde que convertí ese viejo pendrive en mi PC de bolsillo, y he de decir que la experiencia ha superado mis expectativas. Lo uso con una frecuencia sorprendente. Para viajes, es una maravilla. Me he conectado a ordenadores en hoteles, aeropuertos y salas de conferencias, y siempre tengo mi entorno familiar a mi disposición. No me preocupa si el equipo anfitrión tiene virus o software no deseado, ya que mi sistema está aislado.

También lo he usado para solucionar problemas en los ordenadores de amigos y familiares. En lugar de lidiar con sus instalaciones lentas o infectadas, simplemente arranco mi sistema desde el USB y utilizo mis propias herramientas de diagnóst

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