Adiós memorias y pendrives USB, oficialmente ya son reliquias del pasado

En el vertiginoso mundo de la tecnología, donde la innovación avanza a pasos agigantados, pocas cosas permanecen estáticas. Hemos sido testigos de la evolución de dispositivos que una vez consideramos imprescindibles, solo para verlos ceder el paso a soluciones más eficientes, rápidas y, sobre todo, más conectadas. Este es precisamente el destino que parece haber alcanzado un compañero fiel de estudiantes, profesionales y usuarios domésticos durante décadas: el pendrive USB. Aquel pequeño dispositivo, que en su momento revolucionó la forma en que movíamos nuestros datos de un lugar a otro, hoy se encuentra en una fase crepuscular, transitando lentamente hacia el estatus de reliquia tecnológica. Lo que alguna vez fue un símbolo de portabilidad y conveniencia, ahora lucha por encontrar un lugar relevante en un ecosistema dominado por la nube, la conectividad inalámbrica y la omnipresencia del ancho de banda. No es una muerte repentina, sino más bien una disolución gradual, un adiós silencioso que se ha gestado a lo largo de los últimos años, impulsado por una serie de factores que han redefinido por completo el paradigma del almacenamiento y la transferencia de información.

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¿Un disco duro se vuelve más pesado al tener más datos? Aunque no lo creas, es todo lo contrario

Desde la invención del primer disco duro, la forma en que almacenamos y accedemos a la información ha evolucionado de manera exponencial. Hemos pasado de kilobytes a terabytes con una facilidad asombrosa, guardando colecciones enteras de fotografías, videos, documentos y programas que antes eran impensables. Sin embargo, en medio de esta revolución digital, surge una pregunta que, aunque pueda parecer trivial o incluso infantil a primera vista, esconde una fascinante intersección entre la física fundamental y la tecnología de la información: ¿realmente un disco duro se vuelve más pesado a medida que lo llenamos con más y más datos?

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