El mayor misterio de la ciencia a día de hoy es la materia oscura. Y un científico japonés cree haberla detectado

En el vasto tapiz del cosmos, apenas somos capaces de discernir una fracción ínfima de la realidad. Lo que vemos, lo que podemos tocar, oler y estudiar con nuestros instrumentos más sofisticados –estrellas, planetas, galaxias, nebulosas–, constituye menos del 5% del universo. El resto, la abrumadora mayoría, permanece oculto, eludiendo nuestra comprensión y nuestros sentidos. De ese porcentaje invisible, alrededor del 27% está compuesto por lo que los cosmólogos han denominado materia oscura: una sustancia misteriosa que no emite, absorbe o refleja luz, ni interactúa de ninguna otra forma conocida con la materia ordinaria, salvo a través de la gravedad. Es el Santo Grial de la física moderna, el eslabón perdido en nuestra comprensión del cosmos. Es un enigma tan profundo que su resolución podría reescribir nuestros libros de texto de física y cosmología. Y ahora, en medio de esta monumental búsqueda, surge una noticia que podría cambiarlo todo: un equipo de científicos en Japón, liderado por un investigador visionario, afirma haber detectado, por primera vez, una señal que apunta directamente a la presencia de esta elusiva materia oscura. Una afirmación de tal magnitud que, de confirmarse, resonaría en todos los rincones del saber científico y más allá, abriendo una ventana a una realidad cósmica hasta ahora inalcanzable.

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