Adiós a las memorias USB y pendrives, ya son oficialmente reliquias del pasado

Recuerdo perfectamente la primera vez que tuve uno en mis manos. Era un dispositivo pequeño, de apenas 64 MB, que prometía el fin de los disquetes y los CD regrabables. Hablo, por supuesto, de la memoria USB, ese fiel compañero que durante más de dos décadas se convirtió en el epicentro de nuestra vida digital. Guardaba nuestros trabajos universitarios, las fotos de las vacaciones, esa presentación urgente para el lunes por la mañana y, por supuesto, una colección de música pirata cuidadosamente curada. Era un objeto omnipresente en el llavero, el bolsillo o la mochila de casi cualquier persona. Sin embargo, en un giro que, para muchos, se siente agridulce, hemos llegado a un punto en el que el pendrive, tal como lo conocíamos, ha cedido su trono. No solo ha sido destronado, sino que, en gran medida, ha sido relegado a un estatus de reliquia tecnológica, superado por soluciones más eficientes, seguras y, sobre todo, conectadas. Este artículo explora las razones detrás de este declive, las alternativas que lo han reemplazado y lo que este cambio significa para nuestra interacción con los datos en la era digital.

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