Estudios revelan que chatbots de IA como ChatGPT provocan que uno de cada cuatro ciudadanos cambien su voto electoral en minutos

La irrupción de la inteligencia artificial (IA) en nuestra cotidianidad ha transformado radicalmente innumerables facetas de la vida moderna, desde la forma en que trabajamos hasta cómo nos relacionamos. Sin embargo, su incursión en el ámbito político, y específicamente en los procesos democráticos, está revelando un panorama que muchos considerarían preocupante. Recientes estudios han puesto de manifiesto una capacidad de influencia de estas herramientas, específicamente los chatbots de IA generativa como ChatGPT, que desafía las nociones tradicionales de la persuasión política. La cifra es contundente y genera una alarma justificada: uno de cada cuatro ciudadanos podría cambiar su voto electoral en cuestión de minutos tras interactuar con estas plataformas. Esta revelación no solo subraya el poder persuasivo de la IA, sino que también plantea interrogantes fundamentales sobre la integridad de nuestros sistemas democráticos y la autonomía de la decisión individual en la era digital.

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Spotify te cede el control: así puedes personalizar tus playlists algorítmicas

Desde la irrupción de las plataformas de streaming musical, los algoritmos se han convertido en los guardianes silenciosos de nuestra experiencia auditiva. Han sido los artífices de ese "Descubrimiento semanal" que a veces nos sorprende gratamente, y de ese "Daily Mix" que nos acompaña en la rutina. Sin embargo, no todo ha sido un camino de rosas. Muchos usuarios han sentido la frustración de la burbuja de filtro, la repetición constante o la sensación de que, a pesar de la inmensa biblioteca musical, el algoritmo no termina de "entenderles" del todo. Ha sido una relación de confianza, pero también de cierta pasividad por parte del usuario, relegado a un rol de mero receptor.

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Las listas de espera de traumatología en aumento: medio año para una primera consulta, una preocupación creciente

En un mundo donde la inmediatez a menudo se valora y se busca, la realidad de la sanidad pública española presenta un contraste desolador, especialmente en ciertas especialidades. Una de las más afectadas por esta ralentización es, sin duda, la traumatología. Los testimonios se acumulan, las cifras no mienten y la paciencia de miles de ciudadanos se agota: medio año, en promedio, es lo que deben esperar los pacientes para una primera consulta con un especialista en traumatología. Esta cifra, que puede parecer un mero dato estadístico, esconde detrás un drama humano de dolor prolongado, deterioro funcional y una profunda preocupación por el futuro. No estamos hablando de una pequeña demora, sino de un lapso de tiempo que impacta directamente en la calidad de vida de las personas, transformando dolencias tratables en problemas crónicos y, en ocasiones, irreversibles. Considero que esta situación es insostenible y exige una reflexión profunda y acciones urgentes.

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El mercado mira a 2026 con calma, pero con la duda sobre la liquidez

El horizonte económico está sembrado de paradojas, y una de las más intrigantes que capta la atención de analistas e inversores es la aparente serenidad con la que el mercado financiero afronta el año 2026, a pesar de una latente y persistente preocupación sobre la liquidez global. En un entorno que ha vivido turbulencias sin precedentes en la última década —desde crisis financieras hasta pandemias y conflictos geopolíticos—, esta dualidad de calma proyectada y ansiedad subyacente nos invita a una reflexión profunda sobre los cimientos de la estabilidad económica futura. ¿Es esta calma una señal de resiliencia genuina o un mero espejismo que oculta riesgos sistémicos aún por manifestarse? La respuesta a esta pregunta no es sencilla, y la incógnita de la liquidez se erige como el factor determinante en la ecuación.

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