En un mundo que avanza a pasos agigantados hacia una era definida por la inteligencia artificial, las conversaciones sobre su potencial y sus peligros son cada vez más frecuentes y profundas. Desde la automatización de tareas cotidianas hasta la promesa de revolucionar campos como la medicina y la investigación científica, la IA ya no es una quimera de la ciencia ficción, sino una fuerza transformadora con la que interactuamos a diario. Sin embargo, en medio de esta euforia tecnológica, voces expertas emergen para recordarnos que la mera capacidad computacional no es suficiente. Uno de esos expertos es Jae Hahn, quien ha lanzado una advertencia contundente: si no se desarrollan sistemas avanzados con empatía humana, nos enfrentaremos a una "inteligencia alienígena". Esta afirmación, aunque provocadora, encapsula una de las preocupaciones más apremiantes del presente siglo: la necesidad de alinear el progreso tecnológico con nuestros valores más fundamentales como sociedad.
En un mundo cada vez más interconectado, donde la tecnología avanza a pasos agigantados, también lo hacen las estrategias de aquellos que buscan obtener un beneficio ilícito a costa de la confianza y el descuido ajeno. La policía ha lanzado una serie de advertencias sobre una modalidad de fraude particularmente insidiosa y emocionalmente impactante: la suplantación de voz. Imagínese recibir una llamada, o un mensaje de audio, con la voz de un hijo, una hermana, un padre, solicitando ayuda urgente, dinero, o información sensible. La alarma, el instinto de proteger a nuestros seres queridos, nos impulsa a actuar rápidamente, a menudo sin detenernos a verificar. Es en ese preciso instante de vulnerabilidad cuando los delincuentes, armados con la inteligencia artificial y técnicas de ingeniería social, consiguen su objetivo. Como si fuera el consejo de un familiar cercano, de alguien que solo busca su bienestar, este post está diseñado para desglosar estas amenazas y ofrecerle un escudo de conocimiento y precauciones. Porque, al final, la mejor defensa es una buena información y una pizca de sana desconfianza.
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La espera en una parada de autobús siempre ha estado teñida de incertidumbre. Esa mirada repetida al horizonte, la duda de si el vehículo se ha retrasado, si ya ha pasado o si aún falta una eternidad, es una experiencia universal que el avance tecnológico ha ido mitigando progresivamente. En Madrid, los usuarios de la Empresa Municipal de Transportes (EMT) ya se habían acostumbrado al lujo de saber con exactitud, a través de sus teléfonos o las pantallas en las marquesinas, cuándo llegaría su autobús. Una comodidad que transformó la rutina diaria de miles de personas. Sin embargo, para aquellos que dependen de la extensa red de autobuses interurbanos que conectan la capital con sus municipios aledaños, esta certeza era un privilegio aún por alcanzar. Hasta ahora. La noticia ha sido recibida con alivio y entusiasmo: Google Maps ha integrado la geolocalización en tiempo real de los autobuses del Consorcio Regional de Transportes de Madrid (CRTM), extendiendo así esa tranquilidad digital a toda la Comunidad. Un avance significativo que, en mi opinión, refuerza el compromiso con una movilidad más inteligente y centrada en el usuario, democratizando la información y reduciendo el estrés inherente a los desplazamientos cotidianos.