Los videojuegos están en el punto de mira, o más bien las personas que abusan de ellos lo están. Incluso la Organización Mundial de la Salud ha dado un paso adelante y pasa a considerar la adicción a los videojuegos como una enfermedad mental.

El listado de estas enfermedades elaborados por la OMS incluye ya otras adicciones, como por ejemplo el alcoholismo o la ludopatía, pero hasta ahora había dejado al margen los videojuegos.

La noticia se suma a algunas que se han hecho públicas últimamente y que señalan a los videojuegos como culpables de algunos problemas de la juventud, algo injustificado. En realidad lo que la OMS señala es que el abuso sí puede ser perjudicial, como con toda sustancia.

Esta es la definición de adicción a los videojuegos que se le ha dado:

  1. Dificultad para controlar el hecho de jugar a juegos (frecuencia, intensidad, duración, finalización y contexto).
  2. Prioridad creciente a los videojuegos hasta el punto de situarlo por delante de otros intereses y actividades diarias.
  3. Continuidad en el creciente interés en videojuegos pese a sufrir evidentes consecuencias negativas.

Con estos supuestos en la mano, sí tiene mucho sentido considerar que los videojuegos pueden asociarse a una enfermedad mental, aunque eso no significa que deba desarrollarse necesariamente en todas las personas que los utilizan para divertirse.

Claro está que para controlar el posible desarrollo de una adicción basta con establecer límites, y sobre todo con no perder de vista que no deja de ser un juego y que hay cosas más importantes.

Otra arista del debate tiene que ver con las supuestas consecuencias y relación entre videojuegos violentos y violencia, algo que varios estudios han desmentido ya de forma tajante.