La máquina del tiempo musical que nos lleva de clubs por el Nueva York de los 80

12/02/2019
Artículo original

Varios

Life & Death On A New York Dance Floor 1980-1983
Reappearing / Music As Usual
POST DISCO
10/10

Life & Death On A New York Dance Floor 1980-1983 es el título de un libro de Tim Lawrence a propósito de ese trienio mágico, en el que la energía del punk y el sonido disco confluyeron para convertir la escena de lofts y clubs neoyorquina en un espacio abierto para la música y para las personas. Esa escena ardió casi tan rápido como se desarrolló, en buena medida por los estragos que la plaga del sida y el consumo de determinadas drogas causó en la comunidad artística neoyorquina. Pero hasta que eso se hizo palpable, el trienio que va de 1980 a 1983 se recuerda como un periodo mágico que sirvió de bisagra entre los citados sonidos que definen la década anterior y el posterior reinado del rap y el acid house.

Este doble disco funciona obviamente como guía y banda sonora del libro. A través de 16 canciones explora la riqueza sonora de una serie de músicos que proceden de diferentes escenas y terminaron confluyendo todos ellos abrazados en las pistas de baile junto a artistas hoy míticos pertenecientes a otras disciplinas como Keith Haring o Basquiat.

La selección va desde el art pop de los californianos Tuxedomoon, a la fusión afrodisco de David Byrne, el protorap de Rammellzee, la conexión europea con los mancunianos Quando Quango o proyectos míticos como los Dinosaur L de Arthur Russell o los Material de Bill Laswell. Y, por si eso fuera poco, este doble disco transita por terrenos poco trillados al incluir canciones de 3 Teens Kill 4, Johnny Dynell & New York 88, Edwin Birdsong o el teclista de Arthur Baker John Robie.

 

Checopolaco

Tres pasos
El Ejército Rojo / Loja Sound
POP
7/10

Julián Méndez es uno de los músicos que definen el pop indie de nuestro país: miembro fundador de Lori Meyers, bajista de Los Planetas desde hace casi una década y habitual en discos de diversos artistas de la órbita "planetera" como La Bien Querida, Antonio Arias o Soleá Morente.  También da rienda suelta a su alias Checopolaco, un intérprete obligado a hacer de la necesidad virtud, además de un músico y productor refinado, que en este tercer disco ha levantado a partir del piano once canciones a caballo de lo íntimo y lo expansivo, casi cósmico.

Cabe citar en ese contexto tanto a Joaquín Pascual como a Jason Pierce (Spiritualized), dos referentes válidos para acercarse a la música de Checopolaco. Pero más allá de esos y otros referentes estas canciones, su poesía doméstica y cercana –"Tres pasos quedan, tres pasos para quedar al cuatro / El primer paso valiente cruzando el valle de la muerte / el segundo calmado, me recuerda a todo lo que he dejado / y al tercer paso inconsciente me muero de ganas de verte"- encuentra un espacio propio, singular. Posiblemente no será el disco que le saque del nicho, pero sí el que termine de cimentar el prestigio de un músico singular.

 

Derby Motoreta’s Burrito Kachimba

Derby Motoreta’s Burrito Kachimba
Primavera Labels / Universal
ROCK
7/10

Hay ideas que, al ponerlas sobre la mesa, sorprende que no se hayan explotado antes. La propuesta de los sevillanos Derby Motoreta’s Burrito Kachimba es una de ellas. Hundiendo sus raíces en el rock "trianero", este sexteto escarba en ese hard-rock psicodélico tan en boga en los últimos años a nivel global para situarse en algún lugar a medio camino de un descampado en Los Pajaritos y un garito mugriento de la costa este australiana.

Ese es el gran mérito de la banda, manejarse con soltura y al mismo tiempo en esas dos líneas discursivas, obviamente cayendo de forma más obvia hacia un lado u otro en cada tema: Somnium Igni (Pt 1) es flamenco rock de manual, mientras que el psych-rock guitarrero campa a sus anchas a lo largo del disco. A ese mix el propio grupo lo ha bautizado como "kinkidelia", en un ejercicio de reivindicación de lo kinki que tanto remite al cine callejero de principios de los ochenta como a la actitud provocadora de La Banda Trapera del Río. Con una diferencia notable: lo que entonces se leía casi como un posicionamiento político-social hoy resulta imposible  no interpretarlo como una inteligente estrategia para encontrar su particular cuota de mercado en la escena rockera de nuestro país.

 

Las Migas

Reinas del matute
Nuevos Medios / Larvin
MESTIZAJE
8/10

Seis años después de que Silvia Pérez Cruz, Marta Robles e Isabel Laudenbach -todas ellas alumnas de la Escola Superior de Música de Catalunya- fundaran Las Migas, en 2010 se publicaba su disco de debut, un doble álbum en el que el trío original ya se había convertido en cuarteto con Lisa Bause aportando violín y acordeón.

Raül Refree (a la postre productor del debut en solitario de Silvia Pérez Cruz y también del estreno discográfico de Rosalía) firma la producción de un disco que desde el primer momento se sitúa entre dos aguas. Obviamente el flamenco es el punto de partida de un álbum que, sin embargo, vuela libre en busca de otros sabores y sonoridades. Ya lo dice Rubén López Cano en las notas interiores del álbum: "Reinas del Matute es un trapicheo de géneros, gestos y guiños musicales que se entrelazan, abrazan y besan".

Inevitablemente el disco, el único que Silvia Pérez Cruz publicó con Las Migas, está condicionado por su privilegiada voz. Ya sea adaptando a Lorca, a Alberti o a Carlos Cano, atacando temas populares o sus propias composiciones, el disco ya deja entrever el amplio rango estilístico de la de Palafrugell, con incursiones que van de la canción española al fado, el bolero o el tango. El álbum se beneficia también de la participación de maestros como Javier Colina o Raúl Rodríguez, y de la aparición de Alba Carmona, a la postre sustituta de Pérez Cruz como vocalista del grupo. Esta reedición a cargo de Larvin se presenta en vinilo doble de 180 gramos y carpeta gatefolder sin cuadernillo con las letras, pero con una una selección de fotografías y  créditos detallados en la funda interior.

 

Mercury Rev

Bobbie Gentry’s the Delta Sweete Revisited
Bella Union / [PIAS]
POP
5/10

Qué lejos están aquellos Mercury Rev que hace un cuarto de siglo aseguraban que habían llegado a vender su propia sangre para poder hacer música. De aquella banda que aspiraba a llevarnos de la mano a otros mundos, otras galaxias, apenas queda nada. El sinfonismo de Desert’s Songs (1998) inauguró otra etapa para Donahue y Grasshopper que de alguna forma sigue abierta dos décadas después, con un puñado de discos infinitamente menos inspirados que aquel pero que mantienen el tono de banda sonora de Disney que caracterizó aquel trabajo.

Supongo que, conscientes de que la inspiración hace tiempo que no acampa en su jardín, Mercury Rev se sacan de la manga ahora un disco con la colaboración de doce voces femeninas para otras tantas canciones. El listado de cantantes es de auténtico lujo, lo que da una muestra del estatus que pese a su mala racha artística aún maneja el grupo: Norah Jones, Hope Sandoval (Mazzy Star), Vashti Bunyan, Beth Orton, Lucinda Williams, Laetitia Sadier (Stereolab), Rachel Goswell (Slowdive),…

Pero, como ocurría en los últimos trabajos de Mercury Rev, el sonido, orquestal y onírico, tiene algo de escenario de cartón piedra, de música muzak que más allá de la profesionalidad técnica de los artistas (incontestable) deja al oyente en el mismo estado en el que se encontraba al principio de la escucha del disco. Es música diseñada para ser olvidada. Justamente lo contrario de los presupuestos del grupo en el momento de su nacimiento.

 

Panda Bear

Buoys
Domino / Music As Usual
POP
8/10

Cada nuevo disco de Panda Bear supone una reinvención de sus métodos de trabajo a partir de nuevas fórmulas que, sin embargo, siempre terminan sonando al inconfundible sello de autor del más popular de los componentes de Animal Collective. En el caso de Buoys, su quinto álbum, vuelve a contar con Rusty Santos para que le ayude a dar forma a un disco construido a partir de guitarras clásicas pero que no termina de sonar como tal. Noah Lennox vive en Lisboa y una vez más la influencia del entorno vuelve a ser capital en su música: hay algo en estas canciones que remite a la música brasileña, omnipresente en la capital portuguesa. Desde luego esas estructuras levantadas a partir del sonido de las guitarras, pero también los entre melancólicos y soleados que definen la mayor parte de su discografía.

A partir de esos elementos Lennox y Santos recurren a la magia del estudio y, a partir de herramientas tan de hoy en día como el autotune o su acostumbrado uso del sampler, convierten Buoys en otro capítulo más de su fascinante tratado sobre la psicodelia contemporánea. Sigue sin superar aquel capital Person Pitch (2007), pero mantiene un alto nivel para una discografía que no para de desafiarse a sí misma con cada nuevo trabajo.

 

Silk Road Assassins

State of Ruin
Planet Mu
ELECTRÓNICA
8/10

Dos años han tardado Tom E Vercetti, Chemist y Lovedr0id en completar su primer largo, un tiempo en el que el trío comenzó trabajando conjuntamente en su música, continuó desarrollando las canciones desde la distancia y, finalmente, ha completado su debut en los míticos estudios de Abbey Road. Sin embargo nada más lejos en la música de Silk Road Assassins que querencias beatlelianas: a lo largo de estas catorce composiciones instrumentales resuena la tradición IDM británica (sin ir más lejos, en su música puede rastrearse la influencia de Mike Paradinas, capo del sello Planet Mu) y también, como no podía ser de otra forma, ecos del sonido que ha marcado la última década en los clubs de las islas: el dubstep. Ahí están las explosiones de bajos contundentes, efectos percusivos que cortan como cuchillas y demás elementos característicos del género.

Con la ayuda de sus compañeros de sello Kuedo y los rusos WWWINGS (que llevan a cabo sendas colaboraciones) y en la línea de Shackleton, Raime , Zomby y otros renovadores del genero, la propuesta de Silk Road Assassins suena moderadamente experimental, peligrosa por momentos y seductora casi siempre. No es poco.